lunes, 27 de febrero de 2023
The Yellows, Blacks & Whites
martes, 14 de febrero de 2023
Superstición, Ruido de fondo (White Noise) Baumbach y Don DeLillo
martes, 7 de febrero de 2023
Emma Dabiri y No me toques el pelo: activismo capilar (otra lectura para el trabajo de Filosofía del derecho: proyecto USE)
No me toques el pelo, de Emma Dabiri
«Alisado. Estigmatizado. «Domado». Celebrado. Borrado. Gestionado. Apropiado. Siempre incomprendido. El pelo negro nunca es «solo pelo». Este libro trata de por qué el cabello negro es importante y de cómo puede considerarse un modelo de descolonización. A lo largo de una serie de ensayos irónicos e informados, Emma Dabiri nos lleva desde el África precolonial, pasando por el Renacimiento de Harlem, el Black Power y hasta el actual movimiento del pelo natural, la apropiación cultural y más allá.
Lo vemos todo, desde los capitalistas del cabello como Madam C. J. Walker a principios del siglo xx hasta el auge de Shea Moisture en la actualidad, desde la solidaridad y la amistad entre mujeres hasta el «tiempo de los negros», los académicos africanos olvidados y la dudosa procedencia de las trenzas de Kim Kardashian.
El alcance del estilismo del pelo negro abarca desde la cultura pop hasta la cosmología, desde la prehistoria hasta el (afro)futurismo. Descubriendo sofisticados sistemas matemáticos indígenas en los peinados negros, junto a estilos que sirvieron como redes secretas de inteligencia que conducían a los africanos esclavizados a la libertad, No me toques el pelo muestra que, lejos de ser solo pelo, la cultura del peinado negro puede entenderse como una alegoría de la opresión negra y, en última instancia, de la liberación.»
viernes, 27 de enero de 2023
miércoles, 25 de enero de 2023
Fumaroli: una respuesta sobre el estado cultural
Entrevista a Marc Fumaroli en Letras Libres
por Daniel Gascón
(una pregunta, la primera)
SU LIBRO EL ESTADO CULTURAL ERA UNA CRÍTICA DE LA RELACIÓN ENTRE EL ESTADO Y LA CULTURA EN FRANCIA. ¿QUÉ ERA LO QUE LE MOLESTABA?
Reprochaba a André Malraux –que fue el primer ministro de lo que inicialmente se llamó Asuntos Culturales en 1959 y ocupó el cargo hasta 1969– y a Jack Lang –que ocupó el cargo cuando François Mitterrand era presidente, entre 1981 y 1986 y luego entre 1988 y 1992– la financiación y el sostén de formas de creación que podían desarrollarse y defenderse por sí mismas: la música rock, el tag. En 1959 De Gaulle crea el Ministerio de Asuntos Culturales y pone al frente a Malraux. En mi opinión, no eran la reforma ni la mejora que se necesitaban, sino la apresurada promoción de un propagandista prestigioso, admirado por la izquierda de la que provenía y amado por la última generación de modernistas “revolucionarios”, encabezada por Picasso y en la que él mismo era un icono.
El ministerial traje de arlequín sobre el cuerpo de este elocuente tragicómico se había arrebatado arbitrariamente al secretariado de Bellas Artes y al dominio tradicional de las academias. Además, ominosamente, se añadió la “Dirección de democratización cultural”, el verdadero motor de este buque insignia surrealista. De entrada, la falta de dinero impidió que ese nuevo motor hiciera mucho, aparte de crear algunas “Casas de cultura”, un concepto soviético. Pero, a la larga, en la época de Mitterrand, resultó evidente que la llamada “democratización cultural”, que supuestamente tenía que ser el deber supremo del Estado, iba a verse arrastrada por el mercado estadounidense de la cultura del entretenimiento masivo, y a servirle de manera ingenua en vez de actuar como contrapeso. Como eslogan estatal, la “democratización cultural” trabajaba en favor de la industria global del rock, los videojuegos bélicos y la adicción prematura a las drogas tecnológicas, borrando toda distinción entre la alta y la baja cultura, entre la cultura popular y la cultura estandarizada de masas. Pondré un ejemplo de las consecuencias del cambio que se produjo con la creación por y para Malraux del Ministerio de Asuntos Culturales.
Desde Colbert, había habido una beca de la Academia de las Bellas Artes en Roma. Permitía a los estudiantes que hubieran ganado el Gran Premio de Roma pasar dos o tres años en Italia para estudiar a los grandes artistas italianos y de la Antigüedad. Aunque su amigo Picasso había pasado mucho tiempo estudiando la Antigüedad, Malraux pensaba que esa estancia en Roma era arcaica y la suspendió. La destrucción de esa tradición suprimió la continuidad de las artes francesas y europeas, y coincidió, además, con una dislocación general y rápida de géneros artísticos. Ahora ya no hablamos de pintura, escultura o grabado sino de Arte, con a mayúscula. El “Arte contemporáneo” es lo que el “artista” quiere imponer al público o al cliente, ignorando las convenciones que delimitan el terreno donde cada arte puede ser comprendido, disfrutado o criticado. El discurso, a menudo oracular, que da publicidad a la creatividad sin fronteras del llamado “Arte contemporáneo” ha reemplazado a las artes como disciplinas, y a menudo se convierte en la única realidad de este arte. No queda lugar para la instrucción de los artistas, la posibilidad de que los maestros transmitan el oficio a sus alumnos, el territorio sobre el que el amante del arte pueda comparar, evaluar y perfeccionar su gusto.
La tradición francesa encargaba al Estado el patrocinio de las artes y la educación de los mejores artistas, e iba contra esa tradición que los artistas modernistas hubieran creado su propio mercado privado. Pero necesitaban la presencia de ese conjunto tradicional de artes y artistas para poder existir contra él. Cuando su amigo Malraux destruyó la tradicional cadena académica de instrucción artística, otorgándole al Estado la deslucida tarea de coronar oficialmente el genio de artistas modernistas a quienes ya había coronado el mercado privado del Arte, actuó a regañadientes a favor del mercado de masas y de la supresión del saludable contrapeso que la tradición académica, y el Estado francés como su mecenas, habían ofrecido durante tanto tiempo a los mejores artistas y al gusto perspicaz de los aficionados al arte.
Malraux y los gaullistas podrían haber mejorado el sistema de admisión de la Academia de Bellas Artes, y haber favorecido el diálogo entre clasicistas y modernistas que posibilitó el éxito de la Exposición Universal de París en 1937. Prefirieron darle una dictadura modernista a su amado converso Malraux y suprimir el contrapeso académico. Incapaz de ver las consecuencias de su gesto revolucionario, el oráculo délfico de la Quinta República, Malraux, eliminó toda resistencia seria al triunfo de la cultura de masas estadounidense, mientras se presentaba como el heredero directo y ultramoderno de los genios elitistas del modernismo.
Cuando Jack Lang recibió de Mitterrand en 1981 el ministerio “de cultura”, el modernismo estaba muerto como movimiento artístico, pero la confusión, bajo el mismo concepto de cultura, entre cultura popular y de masas, entre arte de vanguardia y producto comercial al estilo americano, se convirtió en algo muy vivo, que adoptó la forma del programa “democratizador” de un ministerio rico en ese momento.
En vez de permanecer fiel a la tradición nacional y europea, el Estado “democratizador de la cultura”, en el sentido más ambiguo de una palabra ya oficializada, quería convertirse en el mecenas y garante de actividades y artefactos que no necesitaban mecenas: la cultura de masas industrial destinada a la gente común y las estrellas del mercado del “mundo del Arte” para los multimillonarios del mundo empresarial. Dos tipos de producto comercial.
viernes, 20 de enero de 2023
LA NORMA Y LA IMAGEN (Un blog de Jesús García Cívico): Volar el tiempo por los aires
Sobre la posibilidad de "hacer volar el tiempo" (o volar el tiempo por los aires):
Creo que una revolución se produce cuando hay un exceso de nostalgia del futuro, un anhelo imposible, también (pienso en la Francia del XVIII, en Cuba o en el Palacio de Invierno) un "hasta aquí".
Algo de eso puede leerse entre líneas en el repaso que Paco Cerda hace de Revolución. Una historia intelectual, el ensayo de Enzo Traverso, en la sección «Cultura» (y no «Culturas» como ahora se dice por ahí) de El País y yo creo que su título «Derecho al orgasmo, juventud eterna, sangre y decepción: bienvenidos a la Revolución» conecta bien con el tono sensible e inteligente de No intenso agora (que bien podría llamarse Intensity Now), el bello ensayo cinematográfico del brasileño João Moreira Salles y el mejor documental que conozco sobre esa síntesis de pijerío hueco, belleza juvenil, ímpetu intelectual y teatro social que fue Mayo del 68 en una clave elegante, indulgente por momentos admirativa como los Trazos de carmín de Greil Marcus.
Con todo, cabe retener que lo peor de la revolución siempre es la contrarevolución y en ese sentido destaco este punto que conecta con un capítulo de La condición despistada.
"Hora H. La revolución es la locomotora de la Historia. Lo dijo Marx. Y la metáfora encerraba el papel crucial del ferrocarril para la expansión del capitalismo y la proletarización del campesinado. Pero faltaba algo. Para que los trenes funcionaran bien, había que sincronizar horarios. Hasta entonces, los minutos bailaban de una región a otra. Con la expansión del tren, Greenwich emergió como hora oficial del planeta. Pasó de haber 400.000 relojes a finales del XVIII a más de dos millones y medio en 1875. El negocio capitalista exigía puntualidad. Tal vez por eso Joseph Conrad escribió en 1907 El agente secreto, una novela sobre un complot anarquista para poner una bomba en el Observatorio de Greenwich y, así, «hacer volar el tiempo."
Pacó Cerdá, "Derecho al orgasmo, juventud eterna, sangre y decepción: bienvenidos a la Revolución", El País, 19 de enero de 2023.
lunes, 16 de enero de 2023
viernes, 13 de enero de 2023
jueves, 1 de diciembre de 2022
miércoles, 2 de noviembre de 2022
Nadie es una isla, yo soy una isla: Paul Simon contra John Donne
«Ningún hombre es una isla, todo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte del continente. Si un terrón es arrastrado por el mar, Europa es menos, como si un promontorio fuera, como bien como si fuera una casa solariega de tu amigo o tuyo: la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy involucrado en la humanidad, y por lo tanto nunca envío a saber por quién doblan las campanas; doblan por ti». John Donne, Devociones en ocasiones emergentes, «Meditación XVII»
lunes, 31 de octubre de 2022
jueves, 20 de octubre de 2022
el torero al ministerio: ¿qué cultura?
En tiempos recientes, la noción de cultura jurídica ha tenido un auge importante en varias discusiones de teoría y sociología del Derecho, tomándose como puente entre los conjuntos de normas, en su sentido más formal, y las prácticas sociales, en su sentido más antropológico. Si el sistema jurídico rige en un contexto social o entorno particular –se ha argüido–, su existencia afectará y se verá afectada por la concreta cultura jurídica de dicho contexto o entorno. Siendo esto así, la necesidad de entender este concepto asume particular relevancia para la teoría del Derecho.
Hoy, en la segunda década del siglo XXI, es un hecho asumido que entre el Derecho y la cultura hay múltiples relaciones de índole práctica: desde la promoción de la cultura del Preámbulo de nuestra Constitución, al derecho subjetivo de acceso a la cultura; de las descripciones que se hacen del espacio público como espacio multicultural a la protección de bienes culturales; de las referencias al Estado de Derecho como «Estado de cultura» 6, a la idea de la Constitución como particular «ciencia de la cultura» tal como ha ido exponiendo los últimos años el constitucionalista alemán Peter Häberle cuyo concepto central es la relación indisociable entre Constitución y cultura y donde el estado constitucional tiene como premisa antropológica cultural la persona y su dignidad.
Pero, ¿qué es cultura? ¿En el marco de qué acepción de cultura cabe reflexionar hoy sobre el Derecho? Si queremos abordar el Derecho desde una perspectiva específicamente cultural, pronto asumiremos que la tarea de definir la idea de cultura es cada día más compleja.
En primer lugar, suele convenirse en que históricamente ha habido dos grandes tipos de aproximaciones a la idea de cultura: la antropológica y la filosófica. En la primera, la idea de relativismo cultural es un punto de partida, pero también, a menudo, un frustrante y excesivamente conservador punto de llegada la cultura se hallaba siempre en la relación con un contexto territorial, físico histórico o temporal en el que se integran tradiciones, legitimaciones simbólicas, estructuras socio-económicas, construcciones políticas, representaciones del mundo y universos de sentido que variaban tanto geográfica como históricamente; la segunda (de Kant a Simmel) se ha esforzado en una definición ponderativa de cultura de tipo universal y en reflexionar sobre la idea de progreso y su relación con asuntos que van desde la naturaleza del hombre a cuestiones jurídico-políticas, y, al mismo tiempo, y paradójicamente, en la elucidación tanto de lo que podemos llamar «universales culturales» como del significado de conceptos del tipo «relativismo» o «etnocentrismo» y las relaciones que la propia antropología mantiene con el Derecho y la filosofía . La primera, la concepción universalista, puede plantearse a su vez, en términos descriptivos o propositivos. Desde el primer punto de vista se defiende que bajo las particularidades de cada cultura (aquí sinónimo de sociedad, comunidad humana, etc.) hay elementos comunes que operan de hecho como una suerte de «universales culturales».
Si se plantea, en cambio, en términos propositivos o ponderativos tenemos que se trata de una concepción atravesada por un componente valorativo bajo el cual hay determinadas expresiones o hitos culturales que deberían operar como universales porque contribuyen a un progreso civilizatorio en un sentido moral en el doble sentido que le dio ejemplarmente Kant: «cualquiera que sea el fin que una persona se proponga con su vida, debe cultivar su naturaleza de modo que llegue a ser un miembro provechoso del mundo» La filosofía kantiana puede verse de hecho como una filosofía de la cultura, posible, en última instancia, por la reflexividad de la razón que advierte sus propios intereses, y, advirtiéndolos, es capaz de configurar el mundo conforme a ellos.
Entre el enfoque meramente descriptivo y el propositivo se expresa la idea, bastante lúcida por cierto, de que tanto en términos de hecho como en términos de «deber ser», la protección de la vida y la integridad de los seres humanos, el horror hacia el sufrimiento y la crueldad o el deseo de felicidad y bienestar son rasgos compartidos por todas las sociedades, o mejor, por todos los seres humanos individualmente considerados y que esto puede verse de una forma análoga al hecho de que todas las culturas se hayan detenido en la observación de la luna o se han sentido fascinadas por el comportamiento de los animales.
En el sentido descriptivo (como Kultur) la cultura apunta a las tradiciones, a los usos, a las costumbres de un pueblo (de una nación, etc.). Incluye la lengua, los festejos, la gastronomía. Se trata de un uso eminentemente descriptivo, siempre relativista, de cuño etnográfico, algo romántico e imperceptiblemente acrítico, bajo el cual podemos decir que las corridas de toros (o la ablación de clítoris) son cultura y esperar que un día un torero llegue al ministerio de cultura.
En el sentido filosófico, hay otro uso de cultura que no apunta a la tradición sino a un crecimiento, a la formación (Bildung).
Si llevamos esto al ámbito del positivo, la primera concepción preconiza, en aras de la formación del individuo, un derecho universal de acceso a la cultura (al menos mientras ésta pretenda democratizarse y no permanecer en un marco elitista) tal como expone en nuestro país el artículo 44. 1. («Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho»), una participación en la vida cultural que debe ser garantizada por los poderes públicos (art. 9.2. CE); por su parte, a la concepción particularista, antropológica o diferencialista subyace al derecho de cada uno (considerado de forma individual, pero también o, sobre todo, grupal y colectiva) a su cultura, «à la cultura de son choix» o a la identidad cultural, así el artículo 3.3. CE establece que «la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección» y el artículo 46 del mismo texto señala que los poderes públicos garantizarán la conservación del patrimonio cultural de los pueblos de España. Si nos mantenemos en una concepción particularista o «antropológica» de la cultura (aquí «de las culturas»), la relación entre Derecho y cultura será de naturaleza patrimonialista, eminentemente descriptiva y, al menos, débilmente relativista.
lunes, 10 de octubre de 2022
Norbert Elías: El proceso de civilización y Las amistades peligrosas
«La tragedia clásica (francesa) expresa del modo más nítido la importancia de las buenas formas, signo distintivo de toda society auténtica; la moderación de las pasiones individuales mediante la razón, cuestión vital para cada cortesano; el comedimiento en la conducta y la exclusión de toda expresión vulgar, símbolos específicos de una cierta fase en el camino hacia la “civilización”. Todo lo que hay que ocultar en la vida de la corte, todos los sentimientos y actitudes vulgares, todo aquello de lo que no “se” habla, tampoco aparece en la tragedia». p. 67.
miércoles, 5 de octubre de 2022
Cine frente estereotipos: dos títulos interesantes para las imágenes del feminismo
El día que me convertí en mujer (Marzieh Makhmalbaf, 2000)
La visionaria directora iraní Marzieh Makhmalbaf firmó esta joya, estructurada en tres episodios que cuentan las historias de tres mujeres en diferentes etapas de la vida. Primero, una niña ante su noveno cumpleaños, el momento en que debe dejar atrás la infancia y asumir su rol como mujer. Segundo, una joven esposa que participa en una carrera de bicicletas para mujeres, en contra de los deseos de su familia. Y tercero, una anciana que quiere compensar años de represión.
Quiero ser como Beckham (Gurinder Chadha, 2002)
Pese a parecer una película que te encontrarías un sábado por la tarde en la sobremesa televisiva, esta película de Gurinder Chadha es todo un descubrimiento: tolerancia, respeto, diversidad, aceptación de la diferencia y, sobre todo, mujeres -femeninas, masculinas, qué más da- que están orgullosas de jugar al fútbol y tener como ídolo a David Beckham, y no a Kim Kardashian. Una de las mejores películas sobre fútbol, y tantas otras cosas más.
Certain women: Vidas de mujer (Kelly Reichardt, 2016)
Kelly Reichardt es otra de las grandes cineastas contemporáneas, aunque no haya logrado pisar nunca las carteleras españolas hasta su reciente First Cow. Con esta reciente película, construyó un mosaico de situaciones protagonizadas por mujeres en las que exponer lúcidas reflexiones sobre la feminidad, y contó en el reparto con Michelle Williams, Kristen Stewart y Laura Dern.
Women without men (Shirin Neshat, 2009)
Adaptación de la novela de la iraní Shahrnush Parsipur, esta película alemana de Shirin Neshat nos lleva al Irán de los años 50, momento en el que un Golpe de Estado desata el caos. Allí, cuatro mujeres se encontrarán en un refugio y lanzarán con su convivencia interesantes mensajes de sororidad en un entorno sin hombres. El papel de la mujer en esta época se revela aquí con toda su amargura, a la vez que se elabora un acertado retrato histórico.
Fotogramas: las mejores películas feministas
lunes, 26 de septiembre de 2022
Integrando a gritos: síndrome de Down y series de terror
Sobre algunos actores con síndrome de Down y dos de las mejores series de terror de todos los tiempos:
Uno de los recursos narrativos más felices de Riget (El reino), la mítica serie de Lars von Trier cuya tercera parte se ha estrenado en Venecia, es el diálogo entre los lavaplatos (en realidad, una suerte de coro como en el drama satírico griego o como en la tragedia, más de Sófocles que de Eurípides). Los actores, (¡qué pocas veces se mencionan sus nombres!) son: Vita Jensen y Morten Rotne Leffers.
Uno de los personajes más gamberros de American Horror Story, «Murder House» fue el de Adelaida Langdon interpretado por Jamie Brewer (la hija de Constance Langdon-Jessica Lange).
jueves, 1 de septiembre de 2022
recuerdos de la época del jazz: una foto de antonio sambeat
martes, 12 de julio de 2022
Tan contento que no te percatás: Husserl y Heidegger
«Tan contento con la aparente intimidad de Heidegger, es posible que Husserl ni se imaginara estas renuncias. No podría haber adivinado la burda mofa de él y de sus obras que, ya en 1923, ensucia las cartas privadas de Heidegger a Karl Jaspers. Un examen atento de algunas de las clases de Heidegger posteriores a 1919 podría haber alertado al Maestro […] Hay una fotografía que tal vez lo revela todo: Maestro y discípulo durante un paseo campestre en 1921. Con su sombrero de ala ancha y bastón, Husserl es un representante del Herr Ordinarius (señor catedrático) de avanzada edad, casi inconfundible su origen judío. Con los brazo apretadamente cruzados y ataviado como un montañero de la Selva negra, el joven assistent parece absorto en algún monólogo imperioso, Heidegger no mira a Husserl, quien, aunque sea de modo muy ligero, se inclina ante él»
George Steiner, Lecciones de los maestros, trad. María Condor, Madrid: Siruela, 2003, página 84.
domingo, 3 de julio de 2022
Más sobre Vania en la calle 42 (Louis Malle, 1994)
lunes, 30 de mayo de 2022
Disuadiendo del suicidio a Wittgenstein: una adagio de Brahms
En su tendencia (de inercia individualista, por cierto) a retener toda la obra (menos mal que a los «iusfilósofos» no se les adjudican milagros) de autores de impacto (Robert Alexy, Joseph Raz, et al.), hoy, la filosofía del derecho apenas habla del suicidio.
Sin embargo, en España su número sigue aumentando (los 3.941 suicidios del año pasado suponen una media de casi 11 diarios).
Dentro del proyecto sobre «La norma y la imagen» que llevo en la UJI, el curso que viene mantendremos un seminario específico sobre «El suicidio y la pena: moral social y literatura»
En más de una ocasión, Steiner recuerda que Wittgenstein identificó el adagio en un cuarteto de Brahms como la única barrera que lo alejó del suicidio.
miércoles, 18 de mayo de 2022
Susan Sontag: El camp
«[...] Pero además de la seriedad (trágica y cómica) de la alta cultura y sus personajes, debemos tener en cuenta otras formas de sensibilidad creadora. Desvalorizar todo lo que uno pueda hacer o sentir con "respeto" hacia el estilo de la "alta cultura"' es desvalorizarse como ser humano.
¿Acaso no existen formas serias que llevan la marca de la angustia, la crueldad y el desvarío? Aquí sí aceptamos una disparidad entre intención y resultado. Me refiero tanto a un estilo de vida cuanto a un estilo de arte; pero tomemos ejemplos en el campo del arte. Pensemos en Bosch. Sade, Rimbaud, Jarry, Kafka, Artaud; pensemos en las obras más importantes del siglo XX, cuyo objetivo no es producir armonía sino ensanchar el medio de expresión e introducir los temas más violentos e irresolubles. Esta forma de sensibilidad insiste también en que la "obra" en el sentido tradicional (en el arte como en la vida) no existe. Sólo existen fragmentos . . . Obviamente se aplican aquí patrones diferentes a los de la "alta cultura". Algo es bueno no porque esté perfectamente realizado, sino porque revela otra clase de verdad sobre la situación humana, otra experiencia sobre lo que es ser humano, resumiendo: otra sensibilidad válida.
El camp ocupa el tercer lugar entre las formas importantes de sensibilidad creadora: es la sensibilidad de la seriedad fracasada, de la teatralización de la experiencia. El camp rechaza tanto las armonías de la seriedad tradicional como los riesgos de la total identificación con intensos estados del sentimiento.
La primera sensibilidad, la de la "alta cultura", es básicamente moral. La segunda, sensibilidad de los estados extremos de sentimiento, que inspira gran parte del arte de vanguardia contemporáneo, se afirma en una tensión entre la pasión moral y la estética. La tercera, el camp, es del todo estética.
Camp es la experiencia estética coherente del mundo. Encarna la victoria del "estilo" sobre el "contenido", de la "estética" sobre la "moral", de la ironía sobre la tragedia.
Camp y tragedia son antitéticas. Puede encontrarse en el camp una visión seria de todo lo que haga al compromiso del artista y, con frecuencia, "pathos". La crueldad es también una de las tonalidades del camp: es la crueldad lo que hace que lo camp esté presente en muchos de los escritos de Henry James (por ejemplo The Europeans, The Awkward Age, The Wings of the Dove). Pero es imposible que haya tragedia en lo camp.
El estilo es todo. [..]»













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