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lunes, 22 de junio de 2026

Valie Export: a vueltas sobre la identidad

Valie Export nació en Linz (Austria) en 1940, con el nombre de Waltrud Lehner-Hollinger. Fue videoartista, cineasta y performer. En 1967 decide convertirse en Valie Export. Dos años después sale a la escena pública como marca registrada a través de un pastiche publicitario, "Valie Export-Smart Export".


Ya en esta obra temprana encontramos algunas de las constantes de su obra, como son el tema de la identidad, el cuestionar los medios de comunicación y su afán por destruir la imagen tradicional de la mujer como objeto. Toda su obra está impregnada de interés por el psicoanálisis, por el lenguaje y el vacío existente entre las representaciones mediáticas y la realidad. Con gran audacia y cierto sentido del humor buscaba demostrar el sin sentido de las identidades impuestas, sea por los medios de masas o por la tradición.

En una clave cercana a la filosofía social, Valie Export permite pensar la identidad como una superficie de inscripción conflictiva en la que se cruzan poder, género, mirada y disciplinamiento del cuerpo. Su trabajo desarma la aparente naturalidad de los papeles sociales y muestra hasta qué punto la subjetividad se produce en dispositivos de exposición, vigilancia y codificación simbólica. En ese horizonte dialoga bien con Cindy Sherman, cuyas metamorfosis fotográficas convierten la identidad en repertorio de máscaras culturales, poses heredadas y estereotipos visuales, y también con Gillian Wearing, atenta a la distancia entre rostro social e intimidad, entre autofiguración y mandato colectivo. En las tres hay una sospecha compartida ante la idea de un yo transparente y originario. Lo que aparece es más bien una identidad trabajada por ficciones sociales, por expectativas normativas y por tecnologías de visibilidad que reparten reconocimiento y extrañeza. Desde ahí, su obra puede leerse como una crítica social de gran alcance, porque interroga la manera en que una sociedad fabrica sujetos, reparte vulnerabilidades y convierte el cuerpo en escenario de obediencia, ironía, resistencia y desvío.



miércoles, 10 de julio de 2019

La identidad en la ciudad: Poe, Benjamin y la novela negra por Ricardo Piglia

«Si Hamlet es el lector en tensión con el escenario de la corte y las disputas políticas que suponen las relaciones familiares en el poder, Dupin es el que está, como lector, en tensión en el escenario de la ciudad, entendida como el espacio de la sociedad de masas.

"El conocimiento social originario de las historias de detectives", dice Walter Benjamin, "es la perdida de las huellas de cada uno en la multitud de la gran ciudad." En un sentido podríamos decir que la figura del detective nace como efecto de la tensión con la multitud y la ciudad.

Poe localiza el género en París -la capital del siglo XIX, como decía Benjamin- y, desde luego, la ciudad es el lugar donde la identidad se pierde. "Es dificil mantener el orden en una poblacion tan masiva donde por así decirlo cada uno es un completo desconocido para todos los demás", señala un un informe de la policía de París en 1840. Benjamin ubica el genero de la serie de procedimientos de identificación del individuo anónimo y la nueva cartografía de la ciudad. La numeración de las casas, la huellas dactilares, la identificación de las firmas, el desarollo de la fotografía, el retrato de los criminales, el archivo policial, el fichaje. Las historias policiales, concluye Benjamin, surgen en el momento en que se asegura esta conquista sobre lo incógnito del hombre.

En esos mismos años, hacia 1840, Foucault sitúa el comienzo de la sociedad de vigilancia. Y el detective funciona a su modo, imaginariamente, en la serie de los sistemas de vigilancia y de control. Es su réplica y su crítica.

En el espacio de la masas y de la multitud anónima es donde surge Dupin, el sujeto único, el individuo excepcional, el que sabe ver (lo que nadie ve). O, mejor, el que sabe leer lo que es necesario interpretar, el gran lector que descifra lo que no se puede controlar.

No hay más que ver el modo en el que Dupin niega todos los medios de control usados por el prefecto para registrar una casa y vigilar a un individuo en «La carta robada» (ese gran texto sobre la lectura): no son los medios mecanicos los que permiten controlar el delito, diría Poe, sino a la inteligéncia, la capacida de identificarse con la mente del criminal, las sofisticadas técnicas de interpretación de Dupin.

Dupin, el hombre aislado, va a toparse, a su manera, con los misterios de la ciudad, con los misterios de París, con el mundo amenazador de la masa. La multitud es la experiencia subjetiva de la sociedad de masas en las redes de la gran ciudad. 



Ricardo Piglia, El último lector, Barcelona, Anagrama, 2005,  pp.81-82.

martes, 10 de enero de 2017

Brevemente: Borges sobre la Vida de Samuel Johnson

«[...] Otro ilustre escritor del siglo XVIII fue el lexicógrafo, ensayista, crítico, moralista y a veces poeta SAMUEL JOHNSON (1709-1784). De origen modesto, se educó en la librería de su padre en el pueblo de Lichfield. Fue maestro de escuela y, a lo largo de una vida que al principio fue trabajosa, adquirió una erudición vasta y desordenada. En 1735 tradujo, por encargo, Un viaje a Abisinia del padre Lobo, de la Compañía de Jesús. Ese mismo año se casó. A partir de 1737 vivió en Londres. Diez años después concibió el proyecto de la obra que le daría fama: el primer Diccionario de la lengua inglesa. Creía que había llegado la hora de fijar esa lengua, purificándola de galicismos y manteniendo, en lo posible, su carácter teutónico. Alguien le dijo que el Diccionario de la Academia Francesa había exigido la labor de cuarenta académicos; Johnson, que despreciaba a los extranjeros, contestó: «Cuarenta franceses y un inglés; la proporción es justa». Ocho años le tomó esa tarea, que lo hizo famoso y le valió el apodo de Dictionary Johnson, doble referencia al tamaño del autor y del libro. En 1762 recibió del rey una pensión anual de trescientas libras. Desde entonces, con algunas interrupciones, renunció a la literatura escrita y se entregó a la oral. Conversador brillante y autoritario, fundó un cenáculo cuyos miembros lo llamaban, a sus espaldas, la Osa Mayor. Casi enseguida conoció a un joven escocés llamado JAMES BOSWELL (1740-1795). Éste fue anotando y quizá puliendo todo lo que Johnson decía; estos apuntes lo ayudaron a preparar uno de los más curiosos libros de literatura, la Vida de Samuel Johnson, que se publicaría cinco años después de la muerte del maestro.

Johnson publicó Las vidas de los poetas, que incluyen una biografía hostil de John Milton y una edición de las obras de Shakespeare, a quien defendió de los ataques del pseudoclasicismo. Boileau, que sostenía las tres unidades aristotélicas, de lugar, de tiempo y de acción, había escrito que era absurdo que, durante el primer acto de una tragedia, el espectador se creyera en Atenas y, durante el segundo, en Alejandría; Johnson replicó que el espectador no estaba loco, que no creía estar en Alejandría ni Atenas, sino en el teatro. Alguien, en su presencia, opinó que la vida de un marinero es miserable. Johnson dijo: «La vida del marinero, señor, tiene la dignidad del peligro.

Todo hombre se desprecia por no haber estado en el mar o en una batalla.» Profundamente religioso, Johnson solía sentir la vanidad de las pompas mundanas; esto lo llevó alguna vez, en medio de una fiesta y ante el asombro y la diversión de la gente, a vociferar el Padrenuestro.
La Vida de Samuel Johnson de Boswell ha sido comparada muchas veces a los Diálogos con Goethe de Eckermann. Hay una diferencia fundamental. Eckermann es un discípulo respetuoso que anota las opiniones del maestro; Boswell crea una especie de comedia con dos personajes centrales: Johnson, siempre querible y no pocas veces ridículo; Boswell, casi siempre ridículo y maltratado. Quienes, como Macaulay, han declarado que Boswell fue un imbécil, olvidan que los ejemplos alegados a favor de esta tesis proceden de la obra de Boswell, que los intercaló con el deliberado propósito de ser la figura cómica de su libro. Bernard Shaw, en cambio, celebra en Boswell al autor dramático que para nosotros ha creado la perdurable figura de Johnson.

Boswell, de origen noble, nació en Edimburgo, en cuya universidad estudió derecho, así como en las de Glasgow y Utrech. El acontecimiento capital de su vida fue su encuentro con Dictionary Johnson en una librería de Londres. En el continente conoció a Rousseau, a Voltaire y al general Paoli de Córcega. Escribió una oda en pro de la esclavitud, razonando que su abolición cerraría las puertas de la misericordia a la humanidad, ya que induciría a los negros de África a matar a sus prisioneros, en lugar de venderlos a los blancos. En 1769 se casó con Margaret Montgomerie, su prima, de quien tuvo siete hijos. Hace poco se han descubierto sus Diarios manuscritos, que fueron publicados en 1950 y abundan en curiosas indiscreciones de índole personal [...]».



Jorge Luis Borges, Introducción a la literatura inglesa, Madrid, Alianza, 1999, pp. 24-25