Mostrando entradas con la etiqueta racismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta racismo. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de febrero de 2022

martes, 27 de diciembre de 2011

Gente que da la corriente. El bisturí eléctrico de David Mamet: a propósito de "Razas"

David Mamet (Chicago, Illinois, 1947) es un escritor muy personal y casi siempre muy lúcido. Autor de guiones de películas de géneros muy dispares, ha dejado en todos ellos la huella de una crítica política, moral y social hecha sin concesiones buenistas ni "moralina" y también las precisas marcas de una suerte de bisturí eléctrico tan penetrante como perspicaz con el que nos ha enseñado (¡y con el que se ha ensañado!) durante hora y media el cuerpo de una sociedad llena sobre todo de hipocresía, miedos y miserias.

David Mamet: "¡por qué no se callan!"

Ejemplos de esa mirada airada, dura, y directa contra el imaginario más agradable del sueño americano (el poder, la riqueza, el trabajo, el cadillac, el dólar, la empresa, el éxito, el abogado...) y por extensión contra las imágenes mejor asentadas de la cosmovisión occidental, son los soberbios textos de Glengarry Glenn Rose (Foley, 1992) y (de forma mucho más sutil) Vania en la la calle 42 (Malle, 1994).


Mamet también aportó ese tono de crítica de fondo sin concesiones y apenas sin fisuras al llamado cine de juicios (y/o de abogados) en Veredicto final ("The Veredict", Lumet, 1982) ofreciéndonos una de las más conmovedoras imágenes del abogado integro (rara avis in terra), la de Paul Newman como Frank Galvin salvando un caso (y salvándose así mismo) en un juicio por error médico donde destacaba Mamet sobre todo la lucha entre dos fuerzas desiguales en términos de poder económico pero también en términos morales. 

En opinión del que esto escribe, el personaje que interpreta Newman rivaliza en fuerza con el mejo icono de este tipo de imaginario: el personaje clásico de Aticus Finch interpretado por Gregory Peck en la igualmente clásica "Matar a un ruiseñor" (Mulligan, 1962), la adaptación de la obra homónima de Harper Lee.
En la foto Newman como Galvin.


Hace unas semanas pude ver en el Teatro Principal de Valencia "Razas", un Mamet igualmente airado que hubiera hecho las delicias de muchos realistas jurídicos en la línea que inauguraran en EEUU Roscoe Pound y quizás también el mismo Oliver Wendell Holmes y en los países escandinavos Axel Hägerstrom, Alf Ross, entre otros. Una concepción del derecho, la realista, que creemos fundamental para acabar de entender bien el complejo "fenómeno jurídico".


En 1930 Jerome Frank publicaba Law and the Modern Mind para destacar los elementos psicológicos (y psicologizantes) en la mente del jurista y en el quehacer de los así llamados "operadores jurídicos", pues bien, este último Mamet "Razas" estrenado va a hacer dos años en Broadway, producido aquí por Bernabé Rico y Toni Cantó y dirigido por Juan Carlos Rubio, vuelve a ser una hábil disección de la mente y las "impurezas" del derecho. Como se ha dicho, un proyecto escénico serio, bastante riguroso (con lo que se pierde para quien no conozca la complejidad de la cuestión racial en EEUU: el legado terrible, la ignominia de la esclavitud, las peleas a muerte entre esclavos, el látigo, el sur, las huellas de la lucha por los derechos civiles, el racismo difuso, el racismo explícito, el ku-klux-klan, el asesinato de Luther King, el racismo que no desaparece, la polémica de la affirmative action...), un proyecto que me gustó por su acidez, por su lucidez, por su falta de moralina y la ausencia de concesiones y la presencia de mucho realismo en un tema que el teatro pocas veces aborda: el derecho.

Un momento del montaje de Razas, Rico, 2011.
Me perdí mucho diálogo porque no últimamente no oigo muy bien y porque en algunos momentos los actores hablaban de espaldas al público, pero no me fue posible dejar de distinguir (y de apreciar) de nuevo el bisturí eléctrico de Mamet en un tema que le gusta mucho a este blog: las imágenes del derecho: así el despacho de abogados interracial, una gozada para el mundo (mundos) del imaginario (imaginarios).

Fotografía de M. A. Pérez

Le agradezco a María Ángeles Pérez, otra buena estudiosa del imaginario jurídico, profesora de derecho procesal (y fotógrafa muy intuitiva) la deferencia y la amabilidad en proporcionarme sobre estas cosas inteligentes comentarios y muchas fotos.

martes, 20 de diciembre de 2011

Imágenes ya conocidas (III). Metáforas del horror: extraña fruta en el árbol


 

En 1939 una encuesta en el sur de EEUU mostraba que 6 de cada 10 blancos aprobaba la práctica de los linchamientos (apaleamientos colectivos que culminan con la muerte normalmente por ahorcamiento) de negros: asesinatos consentidos por las autoridades, legales o socialmente bien vistos, hechos "para dar ejemplo" o "para que (los negros) no se olvidaran de mostrar respeto (a los blancos)".
En esa época la Corte Suprema aprobaba la separación racial bajo el lema: "separados pero iguales".
Las estimaciones más conservadores de la época ofrecen como cifra aproximada unos 3000 linchamientos en el sur del país en las primeras décadas del siglo XX: 


Postal representando el linchamiento de personas de raza negra en Duluth, Minnesota el 15 de junio de 1920
.
Billie Holiday, cuya padre había muerto en 1937 tras ser rechazado por varios hospitales ("no lo mató la neumonía, lo mató Dallas" contaba la cantante de jazz), convulsionó al Cafe Society cantando un tema de Abel Meeropol, profesor judío de origen ruso afiliado al partido comunista que lo compuso (Bitter Fruit) y publicó luego bajo pseudónimo.



Strange Fruit is a song about terrible happenings, alluding to the lynching of black people that were taking place in Southern U.S. since the abolition of slavery and in a time when racial segregation still ruled.
The executions were mostly excused on alleged crimes but it didn't actually needed any kind of reasoning like subordination against separatism but instead were very supported by a white population that despite being a minority was still widely and openly racist.
The song was composed in 1939 by Abe Meeropol at a time were the lynching was still practiced. In the lyrics references to the beauty of the South are opposed to images of executions, describing the bodies as strange fruit hanging from a tree.



Its composer was a Jewish professor of Russian origins and member of the American Communist Party who, impressed by the image of a lynching, wrote a poem entitled 'Bitter Fruit' which later became the song that Billie Holiday included in her repertoire to close her performances in an atmosphere of stillness, silence and low lights.

Strange Fruit

Southern trees bear strange fruit
Blood on the leaves and blood at the root
Black bodies swinging in the southern breeze
Strange fruit hanging from the popular trees

Pastoral scene of the gallant south
The bulging eyes and the twisted mouth
Scent of magnolias, sweet and fresh
Then the sudden smell of burning flesh

Here is fruit for the crows to pluck
For the rain to gather, for the wind to suck
For the sun to rot, for the trees to drop
Here is a strange and bitter cry