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lunes, 25 de abril de 2011

Pandikaion, Pannomion, Panopticon: Jeremy Bentham, jurista inglés, ilustrado francés, inventor de palabras

Introduzcamos al pensador inglés Jeremy Bentham (“padre” del utilitarismo) y a la imagen del Panoptikon dando un rodeo: recordando el curioso destino de la Codificación jurídica del siglo XIX.

En Alemania no se realizó (en el periódico histórico examinado por nosotros –finales del siglo XVIII y siglo XIX-), ya que los juristas que eran contrarios a ella (sobre todo Savigny, principal teórico de la anticodificación) lograron hacer prevalecer su punto de vista frente a las tesis de Thibaut (lo vimos en una entrada anterior, la de los hermanos Grimm -recopiladores de cuentos mal llamados "infantiles" y también juristas...).

En Francia se llevó a cabo la codificación y se alcanzó la máxima expresión racionalista y codificadora con el Código Civil de 1804 o (Código de Napoleón) a pesar de que no se desarrollara su teoría. Es decir, los juristas de la revolución francesa propugnaron, impulsaron, la codificación de hecho, pero sin una teoría previa sobre la misma.
Ni siquiera Montesquieu, el filósofo más importante de la Ilustración francesa, es propiamente un teórico de la codificación.
Los mejores defensores, los más entusiastas,de la codificación francesa y del Código de Napoleón fueron los juristas (una segunda generación) que siguieron a la codificación: su escuela se conoció como la Escuela de la Exégesis (lo vimos en clase, bajo el rótulo "formalismo y antiformalismo").

En Inglaterra, en cambio, donde ya en el siglo  XVII, se encontraba el más importante teórico de la omnipotencia del legislador (Thomas Hobbes), no se realizó la codificación, pero sí fue elaborada su más amplia teoría, la de Jeremías Bentham, llamado precisamente el Newton de la legislación.


Pandikaion, Pannomion, Panopticon: Jeremy Bentham, jurista inglés, ilustrado "francés", inventor de palabras



Jeremy Bentham nació en Inglaterra (1748), pero su pensamiento se inserta de lleno en la corriente de la Ilustración francesa. También experimentó la influencia del pensador italiano Beccaria: en sus ideas sobre la soberanía de la ley y la subordinación del juez ante ella o en el famoso postulado del utilitarismo (la mayor felicidad del mayor número).
Toda la obra de Bentham parece guiada por la convicción de que es posible establecer leyes racionales válidas para todos los hombres. Sin embargo, no es un pensador iusnaturalista. No es iusnaturalista porque no fundamenta sus juicios de valor o su concepto de justicia sobre una hipotética naturaleza común del hombre, sino sobre el hecho empíricamente verificable de que todo hombre persigue su utilidad. Por lo que toca a la ley y su afinidad con la codificación, busca la claridad y la brevedad.
Los proyectos de codificación de Bentham nacen de su crítica radical al sistema de common law, es decir, a la producción judicial del Derecho. Al mismo tiempo criticaba la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano, por su inspiración en el oscuro derecho natural racionalista. De su afinidad con los proyectos ilustrados, incluida la codificación, una buena prueba es que en agosto de 1792, la Asamblea Legislativa concedió la ciudadanía francesa a algunos intelectuales ingleses simpatizantes de la Revolución, entre los cuales estaba Bentham (acogió tal honor con indiferencia, ya que en aquel momento su entusiasmo por el movimiento revolucionario se había apagado).
En 1791, Bentham, escribió para sus amigos de la Asamblea Nacional un Ensayo de táctica política, con el fin de comunicar a los franceses los resultados de la experiencia inglesa en materia de política constitucional. También en 1791 envía a la Asamblea francesa un proyecto de prisión moderna con posibilidad de vigilar simultáneamente a todos los detenidos desde un lugar estratégico.
Puesto que tenía no sólo la manía de las invenciones de carácter social, sino también la de acuñar nuevos términos, este proyecto fue bautizado como Panopticon.



Racionalización del espacio en nombre del control y de la reducción de gasto: El concepto de este diseño permite a un vigilante observar a todos los prisioneros sin que éstos puedan saber si están siendo observados.

viernes, 15 de abril de 2011

Thibaut y Savigny: La polémica de la codificación en Alemania y los cuentos de los hermanos Grimm




Los hermanos Grimm, Jacob Grimm (1785-1863) y Wilhelm Grimm (1786-1859) de Hanau, Hesse (Alemania) fueron famosos por su recopilación de cuentos populares (mal llamados infantiles) pero además fueron profesores universitarios y juristas.

Los hermanos nacieron en la localidad de Hanau, estado de Hesse-Kassel, actual Alemania, aunque vivieron casi toda su infancia en la cercana Steinau an der Strasse. La muerte de su padre en 1796 empobreció a la familia y afectó a los hermanos durante años. Estudiaron en la Universidad de Marburgo, donde comenzaron su tarea vital de investigar la historia antigua de la literatura y el idioma alemán, incluidos los cuentos populares. El auge del Romanticismo durante el siglo XVIII había revivido el interés por la tradición de los cuentos orales, que en opinión de los Grimm y sus colegas representaban una forma pura de la cultura y la literatura nacionales. Los hermanos establecieron una metodología para coleccionar y registrar por escrito historias populares que se convirtió en la base de los estudios del folclore. Entre la primera edición de 1812-1815 y la séptima y última de 1857, los Grimm revisaron su colección numerosas veces y la aumentaron de 157 a más de 200 cuentos. Además de recopilar y publicar estos cuentos, los hermanos reunieron leyendas alemanas. Individualmente, publicaron una gran cantidad de estudios lingüísticos y literarios, mientras que en colaboración comenzaron a trabajar en un ambicioso diccionario histórico alemán, el Deutsches Wörterbuch, que dejaron incompleto a su muerte. Por ello, están considerados entre los fundadores de la filología alemana.​ La ley de Grimm (1822), sobre un fenómeno de la evolución de las lenguas germánicas, recibe su nombre de Jacob Grimm.



Entre otros lugares, en el libro de Claudio Magris (Trieste, 1939) Literatura y Derecho ante la Ley, Sexto Piso, Madrid, 2008, se recoge la forma en que el trasfondo de la polémica entre Thibaut y Savigny atraviesa la obra de los Grimm y su obsesión normativa. Magris recurre a Antígona para hacer un recorrido histórico-filosófico del iusnaturalismo, corriente de pensamiento jurídico que ha cautivado más a la literatura que cualquier otra aunque tampoco han estado ausentes: por ejemplo el formalismo jurídico en los argumentos de Porcia al interpretar a la letra de la ley el contrato entre Antonio y Shylock en El Mercader de Venecia de Shakespeare; o los cuentos de los hermanos Grimm, juristas de formación, que buscaban por medio de sus fábulas salvar el gran patrimonio del “buen y antiguo derecho”, el de las costumbres, el de las tradiciones y usos locales que defendía la Escuela Histórica del Derecho fundada Karl von Savigny, de quien los Grimm fueron alumnos. 




A propósito del libro de Magris (un regalo del profesor Germán Orón): señala el autor cómo las ideas jurídicas más generales tienden a disolverse en un laberinto de formalismos crípticos y normas específicas fugaces pero también hay, al decir de Magris, una "eclosión" jurídica, la cual  crea nuevas materias y estructuras para la literatura. En todo caso, en lo que más nos interesa aquí, en esa suerte de catálogo popular de la futura Alemania, hay tantas brujas y hechizos como normas (hay, por cierto, mucha violencia, mucha brutalidad en esos cuentos). 

Jacob Grimm, con una posición sobre el derecho afín a la teoría de Savigny, hubo de defender que la lengua emana del “espíritu popular” (Volksgeist) y por tanto el derecho (las normas jurídicas) también debía hacerlo. Para Jacob era necesario distinguir entre "ciencias exactas", y "ciencias inexactas y definir estas últimas como las ciencias "de lo humano en el idioma, la literatura, el derecho y la historia" (un antecedente de las "ciencias del hombre y de la sociedad" de Dilthey). Los Grimm eran contrarios, pues a la codificación del tipo napoleónico propugnado por Thibaut. 


Contrario a un código civil unitario y generalizador que observara a todos los ciudadanos iguales ante la ley y barriera de un plumazo (de un acto del legislador) los privilegios feudales, Jacob Grimm escribe “Las antigüedades jurídicas alemanas”, recogiendo del folklore popular y de la literatura local innumerables aspectos y tradiciones jurídicas.

Se trata, pues de una romántica alianza entre poesía y derecho (consuetudinario y no codificado).

Con su cuentos y fábulas (llenas, pues, de normatividad) pretendían los Grimm salvar el «buen y viejo derecho», es decir, las costumbres, tradiciones y usos del pueblo en su coralidad; patrimonio que, a través de los siglos, había sido conservado, asimismo, por la literatura popular con todo su imaginario colectivo (y por tanto, con un sin fin de imágenes), que es también parte de nuestro imaginario personal. 


Buenas razones, entonces, para recogerlo en este blog.