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viernes, 15 de mayo de 2020

La norma y la imagen: Itard contra Rousseau


L'Enfant sauvage, François Truffaut, 1970.


«Itard, con su potente prosa, describe el caso de este feral no sólo como médico y pedagogo, sino como ilustrado francés. Cuando este pequeño salvaje viajó de Aveyron a París a finales del siglo XVIII, rodeado de gran publicidad y expectación, Víctor no era, desde luego, un niño, pero tampoco solamente un animal. El niño selvático suponía la posibilidad de contrastar empíricamente las ideas filosófico-antropológicas del tiempo de la Razón respecto de su más preciado objeto de reflexión: la naturaleza humana.

Tanto las imágenes del film de Truffaut, como el libro de Itard, con portentoso estudio preliminar y notas de Sánchez Ferlosio, ilustran algunas cuestiones propias de la filosofía moral, política y del derecho: demostración de la naturaleza socio-lingüística de los hombres y refutación de la (falsa pero poderosa) imagen del «buen salvaje»: el hombre no nace bueno ni malo: la sociedad hace humano al hombre». *



Itard, J. M. G.: Víctor de l'Aveyron, Madrid: Alianza, 1982. 

* García Cívico, J., «El pequeño salvaje: la naturaleza social del hombre», Derecho y cultura: la norma y la imagen / coord. por Ignacio Aymerich Ojea, Jesús García Cívico, 2019,  págs. 197-199.


viernes, 9 de noviembre de 2012

what´s the frequency, civico? algunas películas para amar el cine


Y era impensable poder sobrevivir uno a los cines (a todos los cines de la juventud, a todos los cines de una sala). Perder los cines: experiencia propia del tiempo de progreso.
A menudo si necesito escapar a un escenario respirable acudo a un filme policiaco de tipo posmoderno, un thriller vulgar e inverosímil, aspirando a habitar en él la casa de uno esos malvados tan bien educados, viles sofisticados, monstruos de modales impecables amantes de libros y tertulias.
GARCÍA CÍVICO, Jesús, Aforismos en Word, poemas con auto-reverse, Nijmegen, 2012


Un buen estudiante es aquel que tiene curiosidad. Curosidad por saber cosas, interés por conocer más profundamente las cosas, las relaciones entre las cosas, la sociedad, uno mismo, el mundo  y todo eso.
Hace poco una buena estudiante me pidió que le recomendara algunas películas en general pues, según me dijo, no conseguía que le interesara el cine (se dormía en el cine) y también que seleccionara unas en concreto que tuvieran como fondo cuestiones que, por estar relacionadas con el derecho, sirvieran también para conocer más profundamente el derecho, las relaciones de las cosas con el derecho, la sociedad, uno mismo, el mundo y todo eso.

Mi relación con el rótulo "cine y derecho" es ambigua: por supuesto aprecio y disfruto el esfuerzo de profesores como Javier de Lucas, Ricardo Manrique, Mario Ruiz, Benjamin Rivaya y algunos otros por incorporar la reflexión sobre el derecho desde el cine. Me parece estupendo, yo mismo tengo un blog (éste) que a veces trata de esas cosas. Sin embargo, como me gusta tanto el cine a veces me sabe mal que el cine sirva para algo, y no sea, como creo que debe ser, una cosa completamente inútil.
Pero quiero ir al grano.

Contagiar una emoción como contagiar un resfriado es tan difícil que apenas me atrevo a compartir aqui la forma en que me enamoré del cine. Lo voy a hacer por si fuera cierto eso de que no somos tan distintos unos de otros y sea este un recorrido que acaso pueda hacer alguien más de la misma forma  (algo de lo que cabe dudar).
También incluiré dos títulos que tienen que ver con el derecho y que son películas que dan verdaderas ganas de ser buenos abogados y no canallas sin sensibilidad y sin escrúpulos, listichulos de pelo engominado y bolsillo lleno de billetes marcados.

Creo que la primera película que me contagió un amor profundo por el cine fue "El pequeño salvaje". Tenía 11 años y debió ser tal el contagio que me produjo la serena interpretación de François Truffaut como el  pedagogo Jean Itard que hoy cotizo como profesor en la seguridad social.

"El pequeño salvaje", Truffaut, 1969.
En todo caso si hubo un director "contagioso" ese debió ser Alfred Hitchcock. Creo que sus mejores películas son "Vértigo" y "Encadenados" pero a mí las que me provocaron el amor por el cine fueron "Los pájaros", "Pero quién mató a Harry" "Con la muerte en los talones". No lo supe entonces, pero desde que encontré en la librería de mi barrio un libro de Truffaut "El cine según Hitchcock"* y ví que este director francés que había interpretado a Itard en mi película preferida también amaba el cine de suspense de Hitchcock, el cine que iba a ver el resto de mi vide seguiría el patrón truffaut-hitchcock, admiración total del primero hacia el segundo, cierto desconocimiento del segundo hacia el primero, películas de suspense terror por parte del primero, homenajes a su maestro por parte de Truffaut pero también películas sobre el amor, sobre el crecimiento (la serie de películas sobre Antonie Doinel interpretadas por Jean Pierre-Leaud, "Los cuatrocientos golpes", "Besos robados"...). Es así que me emociona igual una buena película de terror que un buen drama.
"Con la muerte en los talones" (North by northwest, Hitchcock, 1952)
"Besos robados" Truffaut, 1968
Aún siendo yo muy joven, la segunda cadena de televisón programó un ciclo dedicado a un director alemán que se llama Werner Herzog, hoy, treinta años después de ver "El enigma de Gaspar Hauser" (una película con un tema similar a la historia de Victor del Aveiron en "El pequeño salvaje", los niños selváticos), sé que Herzog será siempre mi director preferido. Antes me había quedado infantilmente hipnotizado con "Ciudadano Kane" de Orson Welles en un pase en el programa La Clave y con algunas películas maravillosas de la Universal como la adaptación de James Whale de "Frankenstein" y aún mejor "La novia de Frankenstein" en los años 30, Murnau, Eisenstein, von Stroheim o el cine de Jacques Tourneur para la RKO, la ambigüedad de la mujer pantera, Rosellini, Hawks, las maravillosas películas de Michael Powell.


"Las novia de Frankenstein" James Whale, 1935

Hay películas como "Grupo salvaje" de Sam Peckimpah, "Ladrón de bicicletas" de Vittorio de Sica, "2001: una odisea en el espacio" de Kubrick, "El sirviente" de Losey, "L´Atalante" de Jean Vigo, "Tiempos modernos" o "El gran dictador" de Chaplin, "Una noche en la ópera" de Leo McLarey con los Hermanos Marx, "La regla del juego" de Renoir, "Cantando bajo la lluvia" de Stanley Donen que son tan, tan, pero tan buenas que uno se suma simplemente a la convicción de que están entre las mejores películas de la historia del cine y eso dificulta que ocupen también la lista de sus películas preferidas. Otras dependen de cuándo, cómo o con quién se vieron. Yo las veía siempre solo, así "Cautivos del mal" y "Dos semanas en otra ciudad" de Mankiewicz, "Blow up" de Antonioni, "If..." de Lindsay Anderson, "El baile de los vampiros" de Polansky o "Atlantic City" de Louis Malle son películas que me acompañaron de una forma tan cálida y tan íntima que estarán siempre entre mis preferidas pero no las he vuelto a ver desde hace treinta años asi que no sé si la recomendaría. Desempeñaron un papel, como le gusta a la gente decir.

"Cantando bajo la lluvia" Stanley Donen, 1952
Cuando crecí encontré mis directores personales, es decir algo tan poco intersubjetivo que no lo podría compartir con nadie, responden a mi viejo patrón truffaut-hitchcock y son un estupendo director de terror de serie B, John Carpenter, y un discípulo de Robert Altman que se llama Alan Rudolph: "Asalto a la comisaría del distrito 13" y "La niebla" del primero y "Welcome to LA", "Trouble in mind" o "Elígeme" de Rudolph están entre mis películas, pero sé por experiencia que no opina lo mismo mucha gente.
Estoy subrayando en negrita (en color naranja) las preferencias más comunicables. Ingmar Bergman es otro de mis directores preferidos, pues nadie como él ha sabido iluminar con imágenes la oscura naturaleza de los sentimientos del hombre. Otros directores preferidos son Luis Buñuel, Kenji Mizoguchi o Federico Fellini, pero como veís no todos están en negrita.

"Choose me" Rudolph, 1984 (una de "mis películas", esas que no me atrevería a recomendar a nadie)

Con el tiempo me he dado cuenta de que tengo mi propia teoría sobre qué es una buena película o quién es un buen director: son los que han hecho las películas con excelente técnica, un buen guión, una buena fotografía y todo eso pero sobre todo son películas que están hechas con mucha ilusión y mucho cariño. Si uno ve hoy una película de Wes Anderson o se detiene en la compleja coreografía de una escena de Altman, por ejemplo en "Vidas cruzadas" o en "Gosford Park" notará que lo ha hecho con talento pero sobre todo lo ha hecho dejando muchas horas de su vida en un detalle de la película. En lugar de hacer otras cosas hacía como si lo único importante del universo (como si lo único que hubiera en el universo) fuera un trozo de su película.

Dirigir una escena con un decena de actores entrando y saliendo en el plano no debe ser fácil, en "Gosford Park" Robert Altman hace que se muevan todos como cisnes.
No recuerdo un asesinato más conmovedor.

El cine de Woody Allen tiene todo eso además de una increible inteligencia y elegancia, creo que las mejores películas  de este director son "Annie Hall", "Hannah y sus hermanas" y "Todos dicen I love you". En mi juventud hubo películas que me fascinaron como "Paris, Texas" de Win Wenders, "Blade Runner" de Ridley Scott, "Underground" de Emir Kusturicka o"Terciopelo Azul" de David Lynch.

Woody Allen parece haber leído, digerido y luego volcado en sus películas la mejor filosofía del siglo XX y es uno de mis directores preferidos.
"París, Texas" Wim Wenders, 1984. Una de las películas más hermosas de la historia del cine.

En la primera década de este siglo me han encantado películas como "2046" de Wong Kar-Wai, "Control" de Anton Corbijn, "Melancholia" de Lars von Trier o "Paranoid Park" de Gus van Sant.

"2046" de Wong Kar-Wai.

¿Cine y derecho?
A mí me gustó el derecho desde que vi "Vida de estudiante" una serie sobre estudiantes de derecho y disfruto viendo películas de países distintos pero que tienen ese trasfondo común sobre el componente humano de "la norma", así "Rashomon" de Kurosawa, "El último viaje del juez Feng" de Liu Jie, o recientemente "Nadier y Simin: una separación" una estupenda película iraní, pero si tuviera que arriesgarme a recomendar dos películas del tipo "cine y derecho" lo haría con "Matar a un ruiseñor" Robert Mullingan, 1962, una película donde el personaje de Harper Lee interpretado por Gregory Peck, Atticus Finch, se convierte en el mejor icono del abogado íntegro; y "Veredicto Final" de Sidney Lumet, 1982, en la que el abogado interpretado magistralmente por Paul Newman salva su vida precisamente gracias al derecho.

"Veredicto final" Sidney Lumet, 1982.

A todos los que nos gusta el cine mucho, nos gusta mucho hacer listas. Esta es la lista de películas que recomendaría a alguien para que comience a apasionarle el cine.

Lista de películas para contagiar el amor por el cine

1.  "Con la muerte en los talones", "Los pájaros", "Quién mató a Harry", Vértigo"... de Alfred Hitchcock
2. "Cantando bajo la lluvia" Gene Kelly, Stanley Donen, 1952
3. "Los cuatrocientos golpes", "Jules et Jim", "El pequeño salvaje" de FrançoisTruffaut
4. "Tiburón", "ET" de Steven Spielberg
5. "Ciudadano Kane" Orson Welles, 1940.
6. "Annie Hall", "Hannah y su hermanas", "Manhattan", "Todos dicen I love you" de Woody Allen
7. "Paris Texas" Wim Wenders
8. "Frankenstein" y "La novia de Frankenstein" de James Whale, 1931.
9. "Amarcord", "8 y medio" o "La dolce vita" de Federico Fellini
10. "Control" Anton Corbijn, 2007; "2046" Wong Kar-Wai, 2005, "Melancholia" Lars von Trier, 2011, "Drive", Windin Refn  2011.

"Drive" de Windin Refn es un thirller muy reciente (demasiado reciente) pero yo creo que figurará entre las mejores películas de la década, por su estilo frio y sofisticado y por la escena del ascensor que ilustra bien eso del enorme cariño y dedicación con que se hacen las buenas películas: "mi película no es un trozo del universo ¡qué va! mi película es todo el universo..."


*"Truffaut, François, El cine según Hitchcock, Madrid, Alianza, 1988.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Con la cárcel en los talones: el código penal como macguffin

La imagen (en el imaginario social) del preso que entra por una puerta y sale por la otra sigue siendo dolorosamente falsa para muchas familias con personas en prisión.

España sigue teniendo una de las tasas de encarcelamiento más altas de Europa y una de las más bajas de criminalidad.

Como ha sido año de elecciones, hace ya tiempo que hablan bajito (por miedo a hacerse daño) las voces en los partidos políticos que solían abogar por suavizar el Código Penal y favorecer la redención de las penas.



Alrededor de un 70% de la población reculsa en España está entre rejas por reincidencia en pequeños delitos contra el patrimonio o por tráfico de drogas.
 

La razones de esta paradoja parece que siguen siendo las de siempre: la dureza de las penas para atentados contra el patrimonio en forma de delitos bastante habituales -robo y tráfico de drogas (no necesariamente para grandes cantidades)-; el continuo endurecimiento del Código Penal y la incorporación de nuevos delitos; la imposibilidad de redimir condena y el miedo del Estado para conceder la libertad condicional.

De está forma el cuadro que ofrecen las prisiones españolas está lleno de pobres, enfermos y drogadictos para los que cualquier forma de reincidencia (en puridad un Macguffin) por pequeña y comprensible que sea les condena a otra buena temporada entre rejas al parecer para mayor tranquilidad moral y quizás también espiritual del juez o de la jueza que dicta la sentencia.

"MacGuffin": La palabra procede del music-hall. Van dos hombres en un tren y uno de ellos le dice al otro “¿Qué es ese paquete que hay en el maletero que tiene sobre su cabeza?”. El otro contesta: “Ah, eso es un McGuffin”. El primero insiste: “¿Qué es un McGuffin?”, y su compañero de viaje le responde: “Un MacGuffin es un aparato para cazar leones en los Adirondacks”. “Pero si en los Adirondacks no hay leones”, le espeta el primer hombre. “Entonces eso de ahí no es un MacGuffin”, le responde el otro.

¿Qué ha hecho el acusado esta vez"
"Un macguffin, señoría"

Echamos a veces en falta un código realista que informe más claramente del macguffin y de los leones cerca de Nueva York, al parecer tampoco allí es posible ya sentirse seguro. También por cierto, se echa en falta un código que informe con más claridad de cuál es exactamente el patrimonio medio a partir del cual otros ciudadanos, por lo demás iguales, quedan exonerados del mismo aliento enseñoreado-serio-severo-punitivo-edificante de aquellos que presumen de haber leído a André Guide precisamente en los Adirondacks.


Fuente: El País
Sobre el Macguffin vid.: François Truffaut, El cine según Hitchcock, Alianza, Madrid 1974.



lunes, 4 de abril de 2011

"L´enfant sauvage", François Truffaut, 1960


Jean Pierre Cargol como Victor en el film "El pequeño salvaje", François Truffaut (1960). El caso de los "niños-lobo" supuso poder responder de forma empírica a cuestiones "filosóficas" como  ¿Son innatas o adquiridas las cualidades, el comportamiento y las ideas que definen a los seres humanos? ¿Cuál es el efecto del contacto social durante los años de formación, y se puede superar su carencia? Jean Itard, quien se ocupó del "pequeño salvaje" fue ante todo, un pedagogo. Victor no aprendió a hablar pero demostró afecto ¡especialmente hacia el ama de casa de Itard, la señora Guérin!


Conversación casual escuchada en una terracita del Mercado de Colón:

-Mama qué le pasa a ese señor (el niño señala a un mendigo que se golpea la sién).
-Nada contesta la madre (apurando un Martini) eso le pasa a los que no obedecen...

Dejando a una lado el exceso ejemplarizante, y en general, toda la cuestión pedagógica, no pude dejar de observar el matiz estremecedoramente cierto y el fino diagnóstico de la madre acerca del funcionamineto social y en particular del desvío meritocratizante de nuestro actual Estado social de derecho y su corolario: nuestro peculiar bienestarismo social; se me ocurrió, al hilo de la brutalidad moral de esta señora, otra excusa para volver a la primera entrada de este blog (la de "Jeder für sich...") y de paso colgar una foto de la hermosa película de Truffaut:

Víctor del Aveirón, Gaspar Hauser, el niño oso de Lituania... la extraordinaria prosa de Jean Itard se torna obsoleta. No fueron propiamente niños lobo o niños selváticos, al menos no de forma tan acabada como la que procura la, así denominada, "familia tradicional"... transmisora del actual, pero muy hobbesiano, proceso de socialización basado en la lucha, el éxito y la competencia, depositado hoy natural y civilmente en un hombre lobo, una mujer pantera, y un colegio de pago con clases en inglés.

miércoles, 23 de marzo de 2011

"Jeder Für Sich Und Gott Gegen Alle"


En 1828 se encontró en Nuremberg otro joven en estado selvático. De esos que conocemos como "niños lobo", una denominación profana, como escribe Sánchez Ferlosio en las notas del genial libro de Jean Itard Memoria acerca de los primeros progresos de Victor de l´Aveyron, ya que son muy distintos los casos de niños perdidos y distintos también los animales que acabaron adoptándolos. Define, en cualquier caso a los niños selváticos la circunstancia de haber permanecido al margen del proceso de socialización humana.

De todas formas, el de la foto no es Victor (ni Jean Pierre Cargol quien lo interpretaba en la película de Truffaut). No, el de la foto es el actor Bruno S. como Gaspar Hauser (otro caso real de, por seguir con la expresión profana, "niño lobo") en la hermosa película de Werner Herzog Jeder Für Sich Und Gott Gegen Alle (1974).
Gaspar Hauser, en la foto, se presenta de repente en el pueblo con una carta en la mano y cara de imbécil, apenas balbucenado una frase: como este blog.


Criado, al parecer, en una cueva oscura, y sabiendo sólo una frase, se convirtió pronto en un pasatiempo social, en objeto de elucubración de la incipiente (y luego de largo recorrido) psicopedagogía y en curiosidad antropológica, científica y sociológica. Gaspar o Kaspar aseguraba que estuvo encerrado en una pequeña celda oscura la mayor parte de su vida. Su ropa con restos de seda debió haber sido buena en alguna ocasión. Sus piernas estaban casi paralizadas por la falta de movimiento.
Los doctores que lo examinaron informaron que el joven ni era loco ni imbécil, pero que la separación por la fuerza y con crueldad del contacto con los seres humanos desde su más tierna infancia le habían influido en su desarrollo.
En el film de Herzog vemos cómo (Gaspar/ Bruno S.) aprende a hablar con fluidez, a leer, a escribir, y a contar con conmovedora candidez cómo fueron los primeros años de su vida: encerrado en un calabozo desde que tenía tres años, durmiendo sobre un colchón de paja, sin sonidos y con alimento que algún extraño le llevaba mientras dormía. Antes de salir al mundo un hombre se introdujo en la celda y le enseñó a escribir su nombre y las pocas frases que supo decir cuando lo encontraron.
Gaspar Hauser siguió educándose, adquirió ciertos conocimientos de poesía, música, lógica, latín y ciencia. Se ganó el cariño de todos los que le rodearon (soberbios los actores secundarios en la película de Herzog, el íntimo enemigo de Klaus Kinski). Pocos años después de ser encontrado, y tras algunos ataques fallidos contra su vida, falleció víctima de un extraño asesinato."Un desconocido muerto por un desconocido" se escribió en su epitafio. La creencia popular sostuvo siempre que Kaspar era hijo ilegítimo de una casa real.
No recuerdo ninguna película, ni novela, ni libro de no ficción (en el caso de Victor de l´Aveyron, la prosa de Jean Itard, uno de los primeros pedagogos dedicados a la enseñanza de niños sordumudos, es sencilalmente magistral) que no sea recomendable. Así pues:

Una película: Mejor dos: "El enigma de Gaspar Hauser" (Jeder Für Sich Und Gott Gegen Aller) Werner Herzog, Alemania, (1974) a ver en versión original (alemán) con subtítulos.
"El pequeño salvaje" (L´Enfant sauvage) François Truffaut, Francia, (1960).
Curiosamente en ambas suena, casí en el mismo minuto, el mismo tema de Pachabel.
Un libro: ITARD, Jean, Victor de l´Aveyron, traducción y comentarios de Rafael Sánchez Ferlosio, Alianza, Madrid, 1982.