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martes, 10 de enero de 2017

Brevemente: Borges sobre la Vida de Samuel Johnson

«[...] Otro ilustre escritor del siglo XVIII fue el lexicógrafo, ensayista, crítico, moralista y a veces poeta SAMUEL JOHNSON (1709-1784). De origen modesto, se educó en la librería de su padre en el pueblo de Lichfield. Fue maestro de escuela y, a lo largo de una vida que al principio fue trabajosa, adquirió una erudición vasta y desordenada. En 1735 tradujo, por encargo, Un viaje a Abisinia del padre Lobo, de la Compañía de Jesús. Ese mismo año se casó. A partir de 1737 vivió en Londres. Diez años después concibió el proyecto de la obra que le daría fama: el primer Diccionario de la lengua inglesa. Creía que había llegado la hora de fijar esa lengua, purificándola de galicismos y manteniendo, en lo posible, su carácter teutónico. Alguien le dijo que el Diccionario de la Academia Francesa había exigido la labor de cuarenta académicos; Johnson, que despreciaba a los extranjeros, contestó: «Cuarenta franceses y un inglés; la proporción es justa». Ocho años le tomó esa tarea, que lo hizo famoso y le valió el apodo de Dictionary Johnson, doble referencia al tamaño del autor y del libro. En 1762 recibió del rey una pensión anual de trescientas libras. Desde entonces, con algunas interrupciones, renunció a la literatura escrita y se entregó a la oral. Conversador brillante y autoritario, fundó un cenáculo cuyos miembros lo llamaban, a sus espaldas, la Osa Mayor. Casi enseguida conoció a un joven escocés llamado JAMES BOSWELL (1740-1795). Éste fue anotando y quizá puliendo todo lo que Johnson decía; estos apuntes lo ayudaron a preparar uno de los más curiosos libros de literatura, la Vida de Samuel Johnson, que se publicaría cinco años después de la muerte del maestro.

Johnson publicó Las vidas de los poetas, que incluyen una biografía hostil de John Milton y una edición de las obras de Shakespeare, a quien defendió de los ataques del pseudoclasicismo. Boileau, que sostenía las tres unidades aristotélicas, de lugar, de tiempo y de acción, había escrito que era absurdo que, durante el primer acto de una tragedia, el espectador se creyera en Atenas y, durante el segundo, en Alejandría; Johnson replicó que el espectador no estaba loco, que no creía estar en Alejandría ni Atenas, sino en el teatro. Alguien, en su presencia, opinó que la vida de un marinero es miserable. Johnson dijo: «La vida del marinero, señor, tiene la dignidad del peligro.

Todo hombre se desprecia por no haber estado en el mar o en una batalla.» Profundamente religioso, Johnson solía sentir la vanidad de las pompas mundanas; esto lo llevó alguna vez, en medio de una fiesta y ante el asombro y la diversión de la gente, a vociferar el Padrenuestro.
La Vida de Samuel Johnson de Boswell ha sido comparada muchas veces a los Diálogos con Goethe de Eckermann. Hay una diferencia fundamental. Eckermann es un discípulo respetuoso que anota las opiniones del maestro; Boswell crea una especie de comedia con dos personajes centrales: Johnson, siempre querible y no pocas veces ridículo; Boswell, casi siempre ridículo y maltratado. Quienes, como Macaulay, han declarado que Boswell fue un imbécil, olvidan que los ejemplos alegados a favor de esta tesis proceden de la obra de Boswell, que los intercaló con el deliberado propósito de ser la figura cómica de su libro. Bernard Shaw, en cambio, celebra en Boswell al autor dramático que para nosotros ha creado la perdurable figura de Johnson.

Boswell, de origen noble, nació en Edimburgo, en cuya universidad estudió derecho, así como en las de Glasgow y Utrech. El acontecimiento capital de su vida fue su encuentro con Dictionary Johnson en una librería de Londres. En el continente conoció a Rousseau, a Voltaire y al general Paoli de Córcega. Escribió una oda en pro de la esclavitud, razonando que su abolición cerraría las puertas de la misericordia a la humanidad, ya que induciría a los negros de África a matar a sus prisioneros, en lugar de venderlos a los blancos. En 1769 se casó con Margaret Montgomerie, su prima, de quien tuvo siete hijos. Hace poco se han descubierto sus Diarios manuscritos, que fueron publicados en 1950 y abundan en curiosas indiscreciones de índole personal [...]».



Jorge Luis Borges, Introducción a la literatura inglesa, Madrid, Alianza, 1999, pp. 24-25

miércoles, 15 de agosto de 2012

Imágenes del derecho: las metáforas (II). Hoy "la carretilla (the wheelbarrow): imagen del imaginismo"


Nota preliminar:

 

De todos es sabido que las metáforas deben manejarse con precaución, elevar una imagen sobre el texto es agradable al principio pero parece ser que no hay noche sin día, víctima sin verdugo, pasado sin movimiento, gañán sin ruido, amor sin pena, rico sin pobre, arena limpia en la playa ni euforia sin depresión.

 

El peso de la levedad y no sólo de la levedad metafórica, como conocemos por la obra maestra de Kundera, puede resultar insoportable, es más, hay quien añade que metaforizar o metaforizarse uno mismo en exceso (aquí y en El blog de Cívico hemos pecado reiteradamento de ello) permite, precisamente, calibrar del afán restaurativo de la reseca, su carga exacta.

 

Esta entrada está pensada, pues, para ser leída (en su caso) con el fondo bien de la propia voz del poeta, bien del tema dream pop "chinatown" de los wild nothing (suena si se hace clic aquí), bien (en realidad mucho mejor) con ambos a la vez: el primero en bucle y un poco más alto que el segundo.


"(...) Se hace, pues, necesario empezar a superar las concepciones autopoiéicas del mismo (del derecho), que lo presentan como un objeto racional, perfecto y cerrado –algo que se refleja muy bien en la metáfora kelseniana de la pirámide. Más apropiadas resultan otras metáforas, como la de Lon Fuller, que (criticando precisamente la visión geométrica que tenía Kelsen del Derecho), propone concebirlo (según recuerda Atienza: 2006: 46), como la empresa o actividad de construir una casa, donde lo importante no es sólo la carretilla con la que se transporta un objeto con determinadas características formales y estructurales, sino también su contenido, la dirección y la finalidad de la actividad que se lleva a cabo con ese utensilio –y, se podría añadir, quién o quiénes llevan esa carretilla. Atienza (2006: 46) sugiere que en esta analogía predomina más la fisiología que la anatomía y la estructura."  

 

RUIZ RESA, Josefa Dolores, "Democratizar la ciencia jurídica (cómo se puede conjugar un saber dogmático con las exigencias de la inteligencia colectiva)”, en Cuadernos Electrónicos de Filosofía del Derecho, nº 23, 2011, p. 7.



 
Bibliografía

ATIENZA, Manuel, El Derecho como argumentación, Barcelona, Ariel, 2006.





so much depends






upon




a red wheel




barrow 

  

glazed with rain



 water





beside the white





chickens


 


William Carlos Williams "The Red Wheelbarrow" (1923)





Etiquetas: Derecho, Imaginismo, Kelsen, Manuel Atienza, metáforas, poesía, Ruiz Resa, William Carlos Williams

jueves, 22 de marzo de 2012

imagen del horror en epigrama


 
“pasado el tiempo propicio de los sueños
el estupor,
la muerte en las calles patrullando”

juan manuel roca (medellín, 1946)