domingo, 4 de marzo de 2012

donde se pregunta uno con indisimulada ironía si es posible o no que vuelva la primavera



You can never hold back spring
You can be sure that I will never
Stop believing
The blushing rose will climb
Spring ahead or fall behind
Winter dreams the same dream
Every time
You can never hold back spring
Even though you've lost your way
The world keeps dreaming of spring
So close your eyes
Open you heart
To one who's dreaming of you
You can never hold back spring
Baby
Remember everything that spring
Can bring
You can never hold back spring


domingo, 19 de febrero de 2012

trilogía de una crisis

difundiendo la palabra en el abismo: la doctrina del shock, winterbottom y whitecross, 2011
The shock doctrine, Michael Winterbottom y Mat Whitecross, Reino Unido, 2011
basado en el libro de naomi klein: "la doctrina del shock": los gobiernos aprovechan los periodos de crisis económicas, guerras, ataques terroristas, ect. para llevar a cabo medidas despiadadas como asaltar los intereses públicos y poner en marcha reformas a favor del libre mercado, otra historia no oficial del libre mercado, desde chile hasta rusia, desde sudáfrica hasta canadá la implantación del libre mercado responde a un programa de ingeniería social y económica que naomi klein identifica como «capitalismo del desastre», narra la forma en la que los chicago boys de milton friedman, utilizaron el descubrimiento de los electroshock de la psicología para borrar los recuerdos y regresar al sujeto a un estado infantil, y poder reescribir su historia, lo trasladan al contexto socio económico de los países en vías de desarrollo, para propinar shocks económicos (alza de impuestos, eliminación de subsidios y políticas sociales, aumento de precios, etc.) y así, permitir mejor saquear los recursos naturales y enriquecer a las trasnacionales  

derechos en el mercado: especulando con la vivienda, un derecho fundamental
Mercado de futuros, Mercedes Álvarez, 2011

Una crítica en Cartelera Turia:
(2) MERCADO DE FUTUROS, de Mercedes Álvarez
LA FERIA DE LA ESPECULACIÓN
Principal representante de un tipo de cine documental que resalta por encima de todo su faceta artística frente a la científica, la realizadora Mercedes Álvarez reproduce el peculiar estilo que le dio tan buenos resultados en su primer largometraje, El cielo gira (2005), Premio Turia al Mejor Largometraje Documental, no tanto para informar al espectador mediante un mero desglose de datos propio del documental decimonónico sino para emocionarlo a través de un lenguaje audiovisual mucho más poético que funcional.
Partiendo del desalojo y derribo de una antigua casa, con sus muebles, libros y enseres personales cargados de memoria y de valor sentimental, Mercado de futuros intenta reflejar el fin de una época pretérita, de ritmos y costumbres ancestrales, y el principio de otra, caracterizada por la cultura de la especulación, la promesa de un rápido y fácil enriquecimiento y la obsesión por el éxito cuyas funestas consecuencias estamos padeciendo actualmente. Pasado y presente se combinan en una compleja radiografía de la sociedad actual: el labrador que cultiva sus frutas y verduras junto a las vías del tren o el vendedor de objetos usados viven totalmente al margen de esa feria especulativa formada por vendedores que prometen paraísos en plena fiebre inmobiliaria, brokers que juegan con los ahorros de la gente en el mercado financiero y los gurús del mundo empresarial que garantizan, previo pago, sueños inalcanzables. Dos mundos distintos viviendo bajo un mismo cielo.
A pesar de su evidente intencionalidad crítica y de su vocación didáctica, Mercado de futuros no acaba de sacarle todo el jugo a este retrato de la especulación. Es posible que lo que era útil para retratar la extinción de un pueblo de interior por el envejecimiento de su población y la emigración de sus jóvenes, con ese ritmo pausado, la ausencia de diálogo y predominio del silencio y planos de larga duración, no sea idóneo para describir un nuevo paradigma social. Quizá aquí sí hubiera sido necesario un discurso, una exposición de datos, que explicara todas las contradicciones, injusticias y perversiones de un sistema que juega con los sueños y aspiraciones de las personas. No obstante, el film logra concienciar al espectador sobre los peligros de ese comportamiento sin ética, del “todo vale” con tal de enriquecerse, del humo que hay tras esas promesas de prosperidad.
Pau Vanaclocha

los desalmados también están en las universidades
Inside job (Charles Ferguson y Audrey Marrs, 2011)
Cartelera Turia, Critica de Eva Peydró, en red
(3) INSIDE JOB, de Charles Ferguson
Didactismo de Oscar
Todo es mesura en Inside Job (2010), desde la exquisita y veraz dicción de Matt Damon a los encuadres, montaje, selección de personajes, banda sonora que puntúa sin pretensiones de coro de tragedia griega... por eso, el potencial del documental de Charles Ferguson deflagra de la manera adecuada, sin estridencias de megáfono, fuegos artificiales o efectismos innecesarios ni sloganes de manifestación. Aquí hay buen cine y didactismo puro sin manipulación ni griterío rabioso, porque su director sabe perfectamente que el material se vende solo, porque poner nombres y caras a los responsables del mayúsculo descalabro económico de nuestros tiempos funciona, porque revelar que la debacle ha sido cuidadosamente planificada por desalmados, nos pone rabiosos sí o sí, los gráficos no engañan, y ¿qué mejor propuesta que la más directa e impecable puesta en escena, sin trucos de agitador?
Ferguson no necesita demostrar, le bastan las entrevistas, los curricula y las imágenes de archivo que asocian banqueros a políticos y universidades a grandes inversores, en un “quién es quién” en el que solo faltan los que no quisieron colaborar. Durante las primeras sacudidas del horror, los malos fueron los banqueros, pero los nuevos y sorprendidos depauperados pronto ataron cabos: esta es la mejor parte de Inside Job, la revelación incontestable de los lazos que unen la banca tanto a las tramposas agencias de calificación, a la política, como a la universidad, en cuanto a avalista a sueldo de las iniciativas económicas de Wall Street, que desde los noventa ha convertido sus prácticas en una vertiginosa estafa piramidal, de dimensiones planetarias, donde ningún pequeño inversor sabe dónde están ni qué pasa con sus ahorros, porque se ha conformado con el señuelo del dinero fácil.
La cruzada contra la regulación ha sobrevivido a administraciones tanto demócratas como republicanas, sus apóstoles se han sentado a la derecha del Señor (llámese Reagan, Bush, Clinton u Obama), han pagado multas millonarias por seguir con su mala praxis hasta la hora de largarse y cobrar el finiquito y han evitado la cárcel en su totalidad. Ferguson lo recordó al recoger el Oscar que mereció su documental: nadie ha pagado sus robos más que con dólares, que no ha visto el ciudadano, al que se ha manipulado sistemáticamente y negado la información necesaria para que sea libre de decidir qué hace con su dinero o si es realista cuando firma una hipoteca. Las entrevistas son sobresalientes, los datos dejan a los malhechores sin réplica y la reacción de Fred Mishkin es digna por sí del Oscar, aunque consideramos que con la intervención de un psiquiatra de brokers aflora una moralina puritana innecesaria, ya que los pecados de la carne y el orgullo no son nada comparados con el robo, la prevaricación y la estafa a gran escala.

martes, 14 de febrero de 2012

Woody Stuart Mill

"The object of this Essay is to assert one very simple principle, as entitled to govern absolutely the dealings of society with the individual in the way of compulsion and control, whether the means used be physical force in the form of legal penalties, or the moral coercion of public opinion. That principle is, that the sole end for which mankind are warranted, individually or collectively in interfering with the liberty of action of any of their number, is self-protection.
That the only purpose for which power can be rightfully exercised over any member of a civilized community, against his will, is to prevent harm to others.
His own good, either physical or moral, is not a sufficient warrant. (...) To justify that, the conduct from which it is desired to deter him must be calculated to produce evil to someone else. The only part of the conduct of any one, for which he is amenable to society, is that which concerns others. In the part which merely concerns himself, his independence is, of right, absolute. Over himself, over his own body and mind, the individual is sovereign." 
             John Stuart Mill, Essay on Liberty



Larry David como Boris Yellnikoff en "Si la cosa funciona" (Whatever works) Woody Allen, 2009

lunes, 6 de febrero de 2012

green lights

"Gatsby believed in the green light, the orgiastic future that year by year recedes before us. It eluded us then, but that’s no matter—tomorrow we will run faster, stretch out our arms farther. . . . And then one fine morning—
So we beat on, boats against the current, borne back ceaselessly into the past."
Francis Scott Fitzgerald, The Great Gatsby


"What you want is to be rich; that´s the dream inside your head: you want to go back richer than your father, you understand? But what happens? You spend years here, years, years. You want to be rich in order to go back, and you´ll never be rich!... You always want to have twice as much, but it never comes! And one year goes by, and then another. And the year go by and you don´t even notice! (Sherif, a 37-year-old Gambian man married to a spanish woman, with whom he has a three children)"

Fragmento de una entrevista a un inmigrante de Gambia incluida en el trabajo de Rodriguez-García: RODRÍGUEZ GARCIA, D., “Socio-Cultural Dynamics in Intermarriage in Spain”, en GRILLO, R., (Ed.) The Family in Question. Immigrant and Ethnic Minorities in Multicultural Europe, Amsterdam University Press, 2008, pp. 245-267, p. 246.


sábado, 4 de febrero de 2012

the sounds of origin



Centre for Migration Law, Nijmegen, Holanda, viernes 3 de febrero de 2012


En la foto sí pero cuando llegué a Nijmegen aún no había comenzado a nevar. Había dedicado el vuelo de Valencia a Amsterdam a estudiar un texto sobre "acomodo razonable" (una técnica frente a la discrminación indirecta), subrayar un librito sobre derecho y sociedad de Teubner y Bourdieu y a ojear un libro de Slavoj Zizek que habría hecho más llevadero ese mascullar y esos apuntes de letra apretada y tono realista en mi diario sobre el ejercicio de las profesiones vinculadas a la seguridad, un rumiar desagradable incluso para mí mismo, un rumiar que venía arrastrando desde que en el aeropuerto de Manises una guarda de seguridad asegurara (valga aquí la redundancia) que yo llevaba algo así como metales debajo de mis axilas (sobacos en la expresión que ella utilizó)lo cual justificaba que fuera palpado hasta las orejas. Tenía pues un triple pesar: saberme en manos de aquellos que hablan como personajes de Bukowski sin haberlo leído, haber olvidado el libro de Joyce que vengo disfrutando desde que comenzó el año, la traducción de Rueda de "Ulises" y la convicción de que hoy ya es imposible escuchar cualquier disculpa por parte de alguno de los guiñoles del núcleo más indiscutible e indebatido de lo real. No pasa nada. Al cabo de las horas y ya en el Centre for Migration Law estos pesares se desvanecieron: el frio pasaba a ser una interesante preocupación y la directora del centro me regalaba un buen puñado de libros: "European Asdylum Law", "The Returns Directive...", "Democracy, Migrants and Police in European Union", "Temporary employment of migrants in Europe" and so on.
Hoy he madrugado para comenzar a leer el libro editado por la generosa Karin Zwaan: Karin Zwaan, Maaike Verrips Pieter Muysken (eds.), Language and Origin. The Role of Language in European Asylum Procedures: Linguistic and Legal Perspectives, Centre for Migration Law, Nijmegen, 2010. Lenguaje y origen, el sonido del refugiado a la hora de evidenciar la cuestión de la petición de asilo.

"In recent years, language has been used as evidence in assessing asylum seekers’ claims. Do they come from the country that they claim to originate from? Although this would seem quite simple, reliable assessments are hard to achieve. Many factors intervene: high variability, multilingualism, extended stays in refugee camps, lack of systematic knowledge about the languages, mixed ancestry. European countries have developed various techniques, but experts often disagree about these, and the validity of the results.

This book contains a series of papers presented at the ESF Exploratory Workshop Language and Origin: the role of language in European asylum procedures. The workshop took place at the Netherlands Institute for Advanced Studies (NIAS) in Wassenaar, April 22-23, 2010. It brought together an interdisciplinary group of experts from different European countries in a constructive setting to explore the different techniques, exchange views, learn to speak each other’s language and to set priorities for future research and developments.

The book presents the papers of the workshop in five parts: Part One: The practice of LADO; Part Two: LADO and the study of language; Part Three: Language and origin: Three case studies; Part Four: Language in asylum procedures: A country survey; Part Five: LADO as evidence."

Karin Zwaan, Maaike Verrips Pieter Muysken (eds.), Language and Origin. The Role of Language in European Asylum Procedures: Linguistic and Legal Perspectives, Centre for Migration Law, Nijmegen, 2010.


Sé que muy recurrente pero a mí me al escuchar acerca de esos sonidos me ha venido enseguida la banda sonora de las vicisitudes de ben braddock para algo, por supuesto, bastante más duro que las acometidas de mrs robinson.



       

domingo, 29 de enero de 2012

la respuesta breve (billy bragg´s song behind)


 “Habría que prohibir esto o lo otro”. He aquí la forma más común de manifestar nuestras preferencias pero también nuestros miedos. De entre todas, sólo ha de inquietarnos si la pronuncia el hombre de carácter político. Como todos con ese prohibir esto o lo otro sólo hace que exponer públicamente (con una desinhibición ya sospechosa) sus gustos y sus aprensiones, aunque a diferencia de todos éste opta con bastantes garantías a verlas reflejadas en el BOE.
*
 
“Esta es tu verdad y esta la mía” he ahí la forma en que suelen acabar muchas disputas sobre cuestiones estéticas, morales o de “justicia”. De lo que no tiene verdad se acaba predicando la verdad dos veces.
*
La naturaleza aún no ha reparado en la dignidad intrínseca del hombre: le quema, le sepulta, le ahoga, se lo come, le pica.
*
“De acuerdo, partamos de nuevo el auditorio. Dividámoslo ahora en función de su razonabilidad: han escuchado ustedes la argumentación más acabada, habrán notado que el juez está bastante al día en teoría de la racionalidad y de metodología hermeneútica. Se nota que ha leído con aprovechamiento cuestiones de tópica y de retórica desde Aristóteles hasta Perelman, Viehveg y Toulmin. A un lado pues los que admitan que su opinión no era razonable. ¡Joder, qué cabezones, tampoco esta vez conseguimos sacar de aquí dos bandos!”
*
Al parecer para muchas personas el lúcido de Thomas Hobbes es una suerte de malaje. Lo que resulta tan injusto como acusar a alguien de causar contusiones sólo por proponer la construcción de un hospital. A la venda no se le juzga por la cantidad de sangre que expelen las heridas sino por la que es capaz de atrapar entre su tela.
*
A propósito de los sistemas: No se ha reparado lo bastante en que hasta las explicaciones más descaradamente omnicomprensivas tienen como todo un origen humilde. Toda síntesis nace de una ilusión, pero naciendo la síntesis de una ilusión, también es plausible que surja simplemente de un mal sueño, que principie en una pesadilla.
*
Osadía de ser juez. “Quiero ser juez” me dijo y desde entonces nada nuevo: sobre ese mismo tema sólo variaciones.
*
Esta noche he visto correr al influyente jurista analítico y catedrático de Oxford Herbert Lionel Adolphus Hart delante de un toro embolado. Es extraño, Hart falleció hace veinte años.
*

CÍVICO, G., J., aforismos en word, poemas con auto-reverse, un final feliz con relato, 2012.


viernes, 27 de enero de 2012

Cine y derecho (1). "La norma y la imagen" recomienda: García Manrique: "Anatomía de un asesinato: las impurezas naturales del derecho (y cómo aprender derecho con ellas)"

"Anatomía de un asesinato" (Anatomy of a Murder, Otto Preminger, 1959)

"Anatomía de un asesinato: las impurezas naturales del derecho (y cómo aprender derecho con ellas)"


Localización: Anuario de filosofía del derecho, ISSN 0518-0872, Nº 26, 2010 (Ejemplar dedicado a: XXII Jornadas de la Sociedad Española de Filosofía Juridica y Política: Viejos temas, nuevos problemas. (Universidad de La Rioja, 26 y 27 de marzo de 2009)) , págs. 231-240.

Sinopsis y un apunte sobre la teoría del derecho:
Frederick Manion (Ben Gazzara), un teniente del ejército, asesina fríamente al presunto violador de su mujer Laura (Lee Remick). Tras su detención, se celebra el juicio. Su mujer contrata como abogado defensor a Paul Biegler (James Stewart), un honrado hombre de leyes. Durante el juicio se reflejarán todo tipo de emociones y pasiones, desde los celos a la rabia, pero también se disecciona en distintas escenas del film las llamadas "dimensiones del fenómeno jurídico": la axiológica, la normativa y la sociológica (lo ha visto muy bien García Manrique en el texto que recomendamos arriba).
En todo caso se trata de uno de los dramas judiciales más famosos de la historia del cine.

jueves, 26 de enero de 2012

sobre todo una poética

Esta mañana he tomado un tren de madrugada y como suelen suceder estas cosas ha sido en ese rato de espera aún nocturna en el andén que he caído acerca del por qué de este blog: habría sido hace 10 años y a propósito de una reseña de un librito de Clifford Geertz!

La he recuperado aquí: 
Clifford James Geertz (San Francisco, 23 de agosto de 1926 - 30 de octubre de 2006)
POÉTICA DEL PODER 
Manuel Delgado

Reseña de NEGARA. EL ESTADO-TEATRO EN EL BALI DEL SIGLO XIX, de Clifford Geertz. Paidós, Barcelona, 2000, 285 páginas. Traducción de Albert Roca.

Publicado en el suplemento Babelia de El País, el 20 de abril de 2000.

" Clifford Geertz es uno de los contados antropólogos de relieve de los que el lector en español puede conocer el grueso de su producción. Gedisa nos deparó hace años su obra teórica mayor (La interpretación de las culturas) y Paidós se ha preocupado de tenernos al tanto de sus libros más importantes: El antropólogo como autorObservando el IslamLos usos de la diversidadTras los hechosConocimiento local..., y ahora Negara, publicado originalmente en 1980 y una de las piezas fundamentales de su trayecto. Gracias a esa presencia estable en las librerías podemos tomar postura a propósito de las reputaciones de Geertz, tanto de la positiva, la que le coloca a la altura de un Lévi-Strauss o reconoce en él grandes virtudes como prosista, como de la negativa, la que le tiene por un diletante de retórica fácil, un conspicuo sembrador de confusiones y un conspirador contra la propia disciplina que practica.
         Sea cual sea nuestra sentencia sobre sus cualidades o defectos, lo cierto es que no podremos escamotearle a este profesor de Princeton el mérito de estar en el ojo del huracán –o serlo él mismo– de las polémicas que han agitado las ciencias sociales en las últimas décadas. Discípulo directo de Talcott Parsons y de Clyde Kluckhohn en la época dorada de Harvard, exponente –con Turner, Douglas o Sahlins– de lo que se dió en llamar antropología simbólica, revitalizador del pensamiento de Max Weber, apóstol del relativismo cultural, promotor de una definición débil del método antropológico –descripción densa, conocimiento local, escrutamiento en pos del significado, interpretación más que explicación de los hechos culturales–, ubicado al mismo tiempo en el fundamento y en la periferia del movimiento posmoderno... ; he ahí algunos de los atributos que podrían asignársele a Geertz a la hora de reconocer en él una figura intelectual insustituible, un generador de energías epistémicas, por mucho que hayan sido éstas con frecuencia más calóricas que luminosas.
         La obra que acaba de editarse es capital para entender los elogios e impugnaciones que vienen dedicándosele a Geertz. Por mucho que se trate más bien de un trabajo de sociología histórica, Negara no se puede desligar de la experiencia de su autor en Bali, la isla en que recalara en los años cincuenta  tras los pasos de Gregory Bateson y Margared Mead. Su asunto es la relación entre el poder de la representación y la representación del poder, tal y como queda ejemplificada en el Estado teatral clásico que conocieron amplias zonas del sureste asiático índico a lo largo de varios siglos. Esa modalidad estatal sobrevive en Bali con el nombre de negara a lo largo de todo el XIX, hasta su disolución primero en el imperio holandés y más tarde en la moderna Indonesia.
El informe sobre el negara aporta datos sobre en qué consiste la política antes o después de sus manifestaciones contingentes, cómo lleva a término de manera siempre singular una tarea que es en todos sitios la misma : materializar pretensiones espirituales y espiritualizar intereses materiales. Lo que nos dice el negara es que todo poder político requiere para existir y darse a creer no sólo una mecánica, sino sobre todo una poética, una retórica capaz de hacer conmovedora la desigualdad en que se funda y de convertir lo obligatorio en deseable.
Leyendo Negara uno puede llevarse la impresión de que Geertz viene a confirmarnos una cierta imagen de Bali como la consecuencia de un colosal y continuado impulso estético, en que todo, incluso el poder, acababa resultando bello. Pero es no menos inevitable someter ese paisaje con política a una tarea de traducción que, una vez más, nos permite convertir lo remoto en metáfora de lo cercano. En este caso, las fastuosidades políticas del Bali del XIX nos incitan a pensar acerca de nuestras propias teatrocracias, esa persistencia de los tramoyismos mediante las que los gobiernos occidentales de hoy mismo intentan suplir, por la vía ornamental, sus ostensibles carencias en materia de legitimidad". "Poética del poder", reseña de Negara de Cifford Geertz, publicada en el suplmento literario de El País. 20/4/2000

jueves, 19 de enero de 2012

"more bioetico": imágenes bioéticas en el cine y en la literatura (I)

 

A la espera de una tardía, breve y seguro que inncesaria recensión de un texto que nos parece el mejor escrito por aquí sobre estas cosas

B. Rivaya, R. García Manrique, V. Méndez Baiges, Eutanasia y cine, Valencia, Tirant lo Blanch, 2008

Comenzamos una entrada procesada como todo ya mecánicamente y por tanto hospitalaria a la sustracción, a la adicción y al cambio (y si no, al tiempo):



1. Ilustres precedentes literarios del conservador, irracional  y algo miedoso imaginario del científico ominipotente
(y un poco loquete) y sus excesos de hybris (valga la redundancia)


Letter 1
To Mrs. Saville, England
St. Petersburgh, Dec. 11th, 17—
You will rejoice to hear that no disaster has accompanied the commencement of an enterprise which you have regarded with such evil forebodings. I arrived here yesterday, and my first task is to assure my dear sister of my welfare and increasing confidence in the success of my undertaking.
I am already far north of London, and as I walk in the streets of Petersburgh, I feel a cold northern breeze play upon my cheeks, which braces my nerves and fills me with delight. Do you understand this feeling? This breeze, which has travelled from the regions towards which I am advancing, gives me a foretaste of those icy climes. Inspirited by this wind of promise, my daydreams become more fervent and vivid. I try in vain to be persuaded that the pole is the seat of frost and desolation; it ever presents itself to my imagination as the region of beauty and delight. There, Margaret, the sun is forever visible, its broad disk just skirting the horizon and diffusing a perpetual splendour. There—for with your leave, my sister, I will put some trust in preceding navigators— there snow and frost are banished; and, sailing over a calm sea (...)

The "monster" demands a date...

 

Ingeniería genética: (I) Mejor incluso que "Frankenstein", para muchos la obra maestra de James Whale y una de las mejores películas de la historia del cine: "La novia de Frankenstein" James Whale, 1935. Intérpretes: Boris Karloff, Colin Clive, Elsa Lanchester, Ernest Thesiger. La excelente realización del maestro Whale, la fotografía de J. Mescall, los movimientos de cámara entre la negrura, desplegados en grandes y esmerados decorados; las extrañas y expresivas angulaciones, el increible Dr. Pretorious uno de los grandes "mad doctor" de la historia del cine encarnado magistralmente por Ernest Thesiger.  Lástima el cansino paralelismo entre Frankenstein y la historia de Cristo (el inocente perseguido por el pueblo, la "crucificción", etc.)  Aquí también la sombra de Pedro es alargada...


Idea cívica: (1)
El trato que el cine ha dado a la ingeniería genética en sus más rudimentarias y disparatadas formas siempre ha sido muy conservador.

 

"La isla del doctor Moreau" (The Island of Doctor Moerau, H. G. Wells, 1896). Cuando la novela fue escrita a fines del siglo XIX, la comunidad científica de Gran Bretaña estaba sumida en los debates sobre la vivisección de animales. Incluso ciertos grupos de interés, formaron, para abordar la cuestión, la Unión Británica para la Abolición de la bisección, constituida dos años después de la publicación de la novela.
 


A propósito de este film un usuario anónimo pero venezolano de algunas de las páginas sobre cine que frecuento escribió: La primera de una serie de adaptaciones cinematográficas de la novela de "La isla del Dr.Moreau", bien oscura en su impronta visual donde vemos cómo el hombre juega a ser Dios creando, donde se manipula la bioética de manera alevosa, donde se busca humanizar lo salvaje paradójicamente con métodos bestiales, donde el animal y la persona se mezclan de manera patológica hasta derivar en mutantes, donde se respira aire a trasgresión científica y algo de referencia a la megalomanía.
Una cinta a la que los años le desnudan algunas falencias desde el vestuario y los disfraces con que se dio vida a lo sobrenatural, donde hay algunas sobreactuaciones (en las escenas de lucha), y donde se evidencia la escasez de recursos económicos ... pero donde también en general y a grandes rasgos se nota que es una producción interesante desde los planteos morales polémicos que pone sobre la mesa y desde la lúgubre atmósfera que surgen de los tétricos escenarios isleños y desde la oscura aclimatación visual.
En fin, interesante adaptación, sórdida y siniestra en sus planteos bioéticos que emanan de los retorcidos experimentos científicos llevados a cabo por el Dr Moreau.
Palabras claves; bioética, doctores locos, medicina ilegal, fauna, monstruos, experimentación científica, exótica isla
Hay un buen texto (quizás ya algo viejuno) en la red sobre las distintas versiones de la isla...
"Los cien años del Doctor Moreau" de J. Perales
http://biblioteca.itam.mx/estudios/47-59/48/JaimePeralesLoscienaniosdeldoctor.pdf

Continuará...

Eutanasia y cine (1) imagen...

(1) Terrible vida sin cuerpo: Johnny cogió su fusil, (Johnny got his gun) Dalton Trumbo, 1971

Johhny got his gun: el infierno de una conciencia impotente

Algunos cortometrajes: Eduardo Chapero-Jackson



A contraluz
Título original: A contraluz

Nacionalidad: España
Año: 2009
Duración: 64 minutos
Género: Drama
Color: Color

Director: Eduardo Chapero-Jackson
Guión: Eduardo Chapero-Jackson
Música: Pascal Gaigne
Fotografía: Juan Carlos Gómez
Montaje: Iván Aledo, Quique Domínguez y Miguel Ángel San Antonio
Intérpretes: Marta Belenguer, Miguel Ángel Silvestre, Macarena Gómez, Samuel Roukin, Sarai Encinas Martín, Mariví Bilbao, Cristina Plazas, Manolo Solo, Sara Párbole, Natalie Press

Trilogía de los cortometrajes de Eduardo Chapero-Jackson compuesta por: Contracuerpo, Alumbramiento y The End.

Fecha de estreno: 26 de Junio de 2009



 Cortos de Eduardo Chapero-Jackson que quizás se ajustan en tiempo a una exposición de cuestiones bioéticas en imágenes:
"Contracuerpo", "Alumbramiento y "The End"




Contracuerpo

Protagonizado por Macarena Gómez, el primer trabajo del realizador madrileño retrata a modo de fábula oscura el viaje de una joven que lleva al límite su obsesión: ha preparado su cuerpo para introducirse en un maniquí que será mostrado en el escaparate más visto de la ciudad. Esta obra obtuvo numerosos galardones entre los que destacan Mejor Cortometraje en el Festival Latino de Los Angeles, Mejor Corto Europeo en el Festival de Brest y Mejor Ópera Prima Europea en el Festival d’Angers. Estuvo nominado a los Goya y se estrenó en Competición Oficial en el Festival de Venecia.
El cortometraje ha suscitado el interés de psicólogos y psiquiatras para ser utilizado como elemento terapéutico, formativo y divulgativo. De este modo ha sido proyectado en eventos como el VI Congreso Mundial Sobre Depresión en Mendoza, Argentina; en el Hospital Psiquiátrico de Santiago de Chile; en el Sanatorio Esquerdo de Madrid durante su curso de formación “Anorexia y Bulimia: diagnóstico, tratamiento y prevención”. Ha sido solicitado por otras instituciones sanitarias en España.
El segundo corto se titula "Alumbramiento", donde asistimos a como una familia se enfrenta a la última noche de su miembro más anciano, revelando las diferentes formas de enfrentarse al final de una vida. Atravesando el miedo, uno de ellos guía ese final.

"(...) Alumbramiento, otro corto de 17 minutos, es visualmente austero y agónico, pero con un final de extrema sensibilidad y emoción. La puesta en escena es brillante jugando con pocos elementos y las interpretaciones de todos los actores elevan el producto, con mención especial a Mariví Bilbao, absolutamente sobrecogedora"
http://www.universocinema.com/UC%20CRITICAS/A%20CONTRALUZ.html


y (4) títulos
Otro asunto Dreyfuss: "Mi vida es mía" John Badham 1981

Una mirada bastante "sana" la de Denys Arcand: "Las invasiones bárbaras", 2003
La chica de un millón de dólares, Eastwood, 2004 
La más explícita: el caso de Ramón. "Mar adentro" Amenabar, 2004.

Otra idea cívica: Cuando la cuestión se observa en el interior de un relato el público, el espectador, el lector, el auditorio, etc. se muestra a favor del derecho a una muerte digna: empatizan con el protagonista

(algo de) bibliografía


Benjamín RIVAYA y Pablo DE CIMA, Derecho y Cine en 100 películas. Una guía básica, Valencia, Tirant lo Blanch, 2004.
-Miguel A. PRESNO LINERA y Benjamín RIVAYA, coords., Una introducción cinematográfica al Derecho, Valencia, Tirant lo Blanch, 2006 (en prensa).
-Juan Antonio GARCÍA AMADO y José Manuel PAREDES CASTAÑÓN, coords., Torturas en el cine, Valencia, Tirant lo Blanch, 2004.
-Benjamín RIVAYA, coord., Cine y pena de muerte, Valencia, Tirant lo Blanch, 2002.
-Javier de LUCAS, Blade Runner. El Derecho, guardián de la diferencia, Valencia, Tirant lo Blanch, 2002.
-Juan Antonio GARCÍA AMADO, La lista de Schlinder, Valencia, Tirant lo Blanch, 2003.
-Benjamín RIVAYA, Ricardo GARCÍA MANRIQUE, Víctor MÉNDEZ BAIGES, Eutanasia y Cine, Valencia, Tirant Lo Blanch, 2008.

Texto recomendado:



REVISTA DE BIOÉTICA Y DERECHO
Publicación cuatrimestral | Número 23 - Septiembre 2011 | ISSN 1886-5887


Bioética y Cine
La vocación narrativa de lo bioético1
Ricardo García Manrique
Profesor Titular de Filosofía del Derecho y Miembro del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona.

La suerte de la bioética en el cine
En 2005, Mar adentro, la película de Alejandro Amenábar sobre Ramón Sampedro, consiguió el Oscar a la mejor película extranjera. Además, arrasó en los premios Goya y, lo que es todavía más difícil, fue la tercera película más vista en los cines españoles durante 2004, cuando lo habitual es que los primeros puestos de esa lista sean copados por grandes producciones de la potente industria de Hollywood. Ese mismo año Million Dollar Baby fue nominada a siete de esos premios Oscar, de los que obtuvo cuatro de los más importantes: mejor película, mejor director (Clint Eastwood), mejor actriz principal (Hillary Swank) y mejor actor secundario (Morgan Freeman). Y un año antes el Oscar a la mejor película extranjera fue para Las invasiones bárbaras, la película canadiense dirigida por Denys Arcand, que, como las anteriores, también trata de la eutanasia, quizá la cuestión bioética de mayor actualidad en los últimos tiempos. Además, resulta que las tres películas, a las que Benjamín Rivaya ha calificado como “trilogía cinematográfica de la eutanasia”, son muy buenas2.
La trilogía en cuestión es sólo una instancia, aunque muy significativa, de la suerte que la bioética ha tenido en el cine. Otros asuntos propios de su ámbito han sido abordados por películas recientes, a menudo producidas con abundancia de medios, protagonizadas por figuras del star system y destinadas al gran público. Del aborto se han ocupado Las normas de la casa de la sidra (dirigida por Lasse Hallström en 1999, también nominada a siete oscars, de los que ganó dos, uno de ellos para el gran Michael Caine) o El secreto de Vera Drake (dirigida por Mike Leigh en 2004, nominada a tres oscars, aunque no ganó ninguno). En estado crítico (de Sidney Lumet, 1997) se centraba en algunos de los dilemas éticos generados por los cuidados paliativos. La isla (de Michael Bay, 2005) trataba de la clonación humana. Y películas como Blade Runner (de Ridley Scott, 1982) o Yo, robot (de Alex Proyas, 2004) atendían a la más genérica, pero también bioética, cuestión de los límites o de la medida de lo humano.
Podemos decir, pues, que la bioética ha tenido suerte en el cine: ha recibido mucha y buena atención. Una de las razones es de seguro el interés que suscita entre el público: un interés que deriva, por un lado, del desarrollo fulgurante de las nuevas tecnologías biomédicas y de su puesta a disposición de ese público; y, por otro, de la cada vez más perentoria exigencia de respeto de la autonomía individual en situaciones vitales especialmente dramáticas, vinculadas con el inicio y el fin de la vida, una exigencia que se extiende, en general, a toda relación entre los pacientes y los médicos y demás personal sanitario. Otra de las razones es ésta: los problemas bioéticos tienen ciertas características que los hacen especialmente apropiados para el relato fílmico (y, por lo mismo, para el relato literario), hasta el punto de que podemos decir que los problemas bioéticos tienen una naturaleza “narrativa”. De estas características quiero hablar aquí.
La hipótesis que aventuro es la siguiente: los asuntos o problemas que calificamos como “bioéticos” se prestan particularmente bien a una presentación narrada, es decir, a su presentación en el seno de una historia individual, de manera que el problema quede ligado con un contexto, una trama y unos personajes concretos. Sin duda, todo problema moral, en tanto que problema y en tanto que moral, se presta a ese tratamiento, pero, por los motivos que desgranaré a continuación, no en la misma medida que los bioéticos. Ni que decir tiene que ello no significa que la bioética haya de renunciar al enfoque analítico, que es el más apropiado para el tratamiento académico de las cosas; pero comprender los porqués del interés del cine por la bioética puede ayudarnos a captar mejor la naturaleza de la bioética y a sugerir vías de acercamiento a sus problemas que sean más atractivas y más fértiles, bien que modestamente complementarias de esa otra reflexión más abstracta.
Los motivos son otros tantos rasgos o caracteres de los problemas bioéticos: su apertura, complejidad, personalidad o privacidad, radicalidad y principialidad. No es fácil deslindar con precisión unos de otros y, por eso, no ha de esperarse una exposición estrictamente separada de cada uno de ellos.
1. La bioética como campo abierto
La bioética es probablemente el campo más abierto de la ética, tanto por sus límites temáticos, mucho más imprecisos que los de otros campos, como por la indefinición de sus problemas y por la indeterminación de sus soluciones. Por una parte, no estamos seguros de hasta dónde llega lo bioético y, por tanto, dudamos de si las herramientas que han sido especialmente afiladas para la bioética, o sus principios característicos, son de aplicación a ciertos asuntos. ¿Es bioética la ética ambiental? ¿Es una cuestión bioética la de la gestión pública o privada del sistema sanitario? No disponemos de una definición precisa de lo bioético.
Por otra parte, es frecuente que no nos pongamos de acuerdo sobre los términos o dimensiones de los problemas bioéticos. Por ejemplo: discrepamos acerca de si la cuestión de la dispensación de la píldora del día después es una instancia del problema del aborto o tiene que ver más bien con la contracepción. O, a la hora de determinar si el perfeccionamiento humano por vía de las alteraciones genéticas es legítimo y deseable, no estamos seguros de cuáles son las variables a tener en cuenta: ¿la naturaleza humana? ¿El perfeccionamiento? Pero no concordamos a la hora de determinar cuál es esa naturaleza ni tenemos una idea clara de lo que ha de entenderse por un ser humano perfecto3. O, cuando abordamos la cuestión del consentimiento informado, aún dudamos de los roles que han de ser atribuidos respectivamente a la autonomía individual y a la confianza del paciente en el profesional sanitario4. Más allá de todo esto, recuérdese la idea de la dignidad humana. Muchos dirían que es el valor rector fundamental a tener en cuenta cuando se aborda la mayor parte de los problemas que calificamos como bioéticos. Sin embargo, el concepto de dignidad es uno de los más oscuros de la ética5. Algunos han llegado a considerarlo un concepto completamente inútil a estos efectos6.
No es de extrañar, pues, que las soluciones a esos problemas tan imprecisamente identificados lleguen a ser tan distantes entre sí como, sin ir más lejos, lo muestran los ejemplos clásicos del aborto o de la eutanasia. Si los problemas están abiertos en su definición, el rango de posibles soluciones lo está igualmente.
Pues bien, como la bioética es un campo abierto (en sus temas, en sus términos o elementos relevantes, en sus soluciones) se aviene muy bien al abordaje tópico, o puntual, o circunstancial, de sus problemas, al relato de cada uno de ellos como un problema concreto, todavía no clasificado, no categorizado ni aislado, todavía contaminado por todo tipo de ingredientes que aún no sabemos si serán o no relevantes, o en qué medida lo serán. Ese carácter tópico de lo bioético, a su vez, nos ofrece la posibilidad de relatar el problema como una historia individual, con todo lujo de detalles porque todavía no podemos determinar cuáles de esos detalles importan y cuáles no.
Pero, además, la bioética está abierta al futuro de una manera en que no lo están los restantes campos de la ética, debido a su especial conexión con técnicas en pleno desarrollo. De aquí que se preste a la formulación de hipótesis más o menos realistas, a la fantasía, la imaginación y la curiosidad. No ha de extrañar que mucha de la ciencia ficción contemporánea sea lo que podemos llamar ficción bioética, por contraste con la del siglo XIX y parte del XX, asociada con otros progresos como el de los medios de comunicación o el del maquinismo en general (la obra de Julio Verne sería una muestra típica).
2. La complejidad de la bioética
Los problemas bioéticos son problemas complejos. Lo son en tanto que problemas éticos, que involucran concepciones sobre lo bueno y lo correcto, intereses propios y ajenos, públicos y privados, arreglos institucionales y actitudes personales, normas generales y decisiones individuales. En este sentido, la bioética es compleja como lo es cualquier otra parte de la ética. Sin embargo, los problemas bioéticos son complejos también en otro sentido: no son susceptibles de abordaje simplificado, o no en la misma medida en que sí lo son otros problemas éticos.
¿Por qué no pueden simplificarse los problemas bioéticos? Precisamente porque son problemas abiertos: como quedó dicho ya, no somos capaces de identificar con precisión ni la calidad o especificidad de lo bioético, ni las variables relevantes, ni disponemos de un conjunto consistente de soluciones básicas. Nos cuesta captar, comprender, aislar y valorar todas las dimensiones presentes en cada problema, y tanto más cuanto más novedoso o volcado hacia el futuro sea. Incluso el aborto sigue siendo un asunto complejo (al menos para mí), a pesar de que la literatura académica y no académica parece haber diseccionado todos sus elementos relevantes. Con mayor motivo encontraremos complejos aquellos asuntos que son más novedosos o que han sido objeto de replanteamientos novedosos, sea el de la terapia genética, la clonación o la relevancia del consentimiento en los tratamientos médicos.
Lo bioético, por tanto, es complejo no en el sentido de que reúna dimensiones y elementos varios y diversos, sino en el sentido de que resulta difícil, si acaso posible, desentrañarlos o diseccionarlos, porque no poseemos herramientas adecuadas para ello. La complejidad de lo bioético, por eso, la expresa mejor la impotencia del experto que la perplejidad del profano.
Nada mejor, pues, que la presentación cruda del asunto, tal cual tiene lugar, reproduciendo el galimatías lo más fielmente posible y renunciando a determinar qué es lo relevante y qué no lo es. Nada mejor, porque toda presentación simplificada o intelectuamente cocinada corre el peligro del sesgo y de la mala orientación. El relato fílmico, incluso más que el literario, ofrece la imagen, la estampa real, la foto del suceso, y por eso nos atrae, porque en la renuncia a resaltar lo que es importante y lo que no lo es percibimos sinceridad o autenticidad y, sobre todo, verdad. Para ser más precisos: el relato fílmico permite esta aproximación inocente, aunque no la garantiza, porque también permite otras que no lo son tanto: toda filmación o toda fotografía exige la determinación previa del enfoque y del encuadre, y esa determinación lo es de lo que se ve y de lo que no se ve.
Lo misterioso, y lo bioético lo es, permite la reiteración, no cansa. Por eso quizá el cine bélico resulta tan atractivo y un mismo suceso (digamos el desembarco de Normandía o la guerra del Vietnam) permite la representación una y otra vez, si cada vez se nos añade una más de sus múltiples caras. Porque la guerra sigue siendo otro de los misterios de lo ético y no nos cansamos de mirarla, con la prudente distancia que permite la pantalla, para ver si desentrañamos el enigma.
Ejemplos de lo complejo en el cine bioético son la relación entre Rick Deckard y Rachel en Blade Runner, o las cavilaciones del joven protagonista de Las normas de la casa de la sidra en torno al aborto, o el desconcierto de Frank ante la desafortunada situación final de Maggie en Million Dollar Baby.
3. La dimensión intensamente personal de los problemas bioéticos
Cierto que todo problema ético es un problema personal en tanto que entraña la toma de decisiones por parte de los afectados. Pero hay tres sentidos en los que un problema bioético es más personal (más privado, si se quiere): (1) La dimensión biográfica del sujeto implicado es particularmente relevante, porque sólo a la luz de esa peripecia vital concreta puede definirse todo el alcance del problema. (2) La salida que reciba el problema afectará notablemente a la vida del sujeto implicado (el ejemplo de la eutanasia es el mejor en este caso). (3) En consecuencia, la autonomía del sujeto adquiere un valor especial, de manera que en la mayoría de los problemas bioéticos será la autonomía la que haya de prevalecer sobre cualesquiera otras consideraciones. Porque nadie mejor que el sujeto implicado conoce su propia biografía y es capaz de darle un sentido global o unitario, y porque nadie como él sufrirá las consecuencias de la decisión.
En tanto asunto personal que es, no hay que sorprenderse de que la historia de la eutanasia haya sido “una historia de casos concretos”, escribe Víctor Méndez, que también usa el término “novela” para referirse al “elenco de casos famosos relacionados con la eutanasia”7. Los protagonistas de esa novela son, entre otros, Karen Ann Quinlan, Nancy Cruzan, Anthony Bland, Ramón Sampedro, Terry Schiavo, Eluana Englaro… y no sería impertinente añadir a esta lista muchos otros personajes de ficción. Como asunto de personas o de personajes, la eutanasia (y la bioética en general) es campo abonado para el relato cinematográfico, y el cine de la eutanasia (y de lo bioético en general) resultará particularmente interesante porque la imagen personalizada que nos ofrece es el tipo de imagen que necesitamos para hacernos cargo de la auténtica calidad del problema.
4. La radicalidad de la bioética
Los problemas bioéticos son radicales en el sentido propio de la palabra, esto es, problemas que afectan a nuestras creencias más básicas o profundas. Si no lo detectamos a primera vista, sí en cuanto surgen las discrepancias acerca de cómo resolverlos, que suelen llevarnos casi siempre a una discusión que implica a ese tipo de creencias, por ejemplo a las concepciones acerca del sentido último de lo humano o de nuestra vida.
Cuanto más radicales son nuestras creencias, menos racionales suelen ser, y de más difícil racionalización. De nuevo la idea de la dignidad humana puede constituir el mejor ejemplo. Creemos que los seres humanos tienen un valor intrínseco, un valor común a todos ellos, independiente de las circunstancias de cada uno y superior a cualquier otro valor. Sin embargo, no es fácil determinar cuál es el fundamento de este valor ni, por tanto, el sentido que debemos atribuirle o las consecuencias que se siguen de su afirmación a la hora de resolver cuestiones más concretas. A la hora de argumentar con base en la dignidad, de cara a encontrar fundamentos para la solución de un problema bioético concreto, no será raro que acaben oponiéndose concepciones radicalmente diferentes de la misma y que surja la duda de si no será mejor dejarlas de lado y buscar una vía supuestamente más pragmática que evite disquisiciones inacabables. Es tentador, pero creo que poco práctico, por poco estable: tarde o temprano, volverán a surgir las discrepancias. Más vale reconocer que, en efecto, este tipo de cuestiones atañen a nuestras creencias radicales y razonar en consecuencia.
Si así lo hacemos, nos veremos obligados a revisar una y otra vez nuestras intuiciones básicas, esas creencias de origen no racional que conforman la esencia de nuestra visión del mundo y que tienen su origen en procesos inconscientes de formación de la personalidad. Sin embargo, no es fácil acceder a revisar nuestras intuiciones, tanto menos fácil cuanto más profundas e inconscientes son. Y diría que, como las intuiciones son irracionales, y en este sentido emocionales, no es la apelación racional la mejor vía para cuestionarlas, sino precisamente una apelación de su misma sustancia emocional, que hable su mismo lenguaje.
El lenguaje del cine es precisamente un lenguaje emotivo que busca establecer un vínculo cordial entre los personajes y los espectadores. Las venturas y desventuras de los protagonistas, narradas y contextualizadas, acompañadas por la expresión de los sentimientos que provocan, son estímulo de la sensibilidad del que mira. No se apela a su razón, sino a su simpatía, a la percepción directa del estado emocional del otro, y así a la solidaridad, que es una forma de unión sólo posible si los sentimientos se comparten. Por eso, la presentación fílmica de un problema bioético puede ayudar a captar todo su sentido e implicaciones, a partir de la sacudida emocional, de la conmoción. ¿Cómo, por ejemplo, podríamos reconocer a un robot, a una máquina, como un igual? La argumentación racional podría servir, pero parece mucho más útil observar cómo uno de nuestros actores favoritos (digamos Harrison Ford) se enamora de uno de ellos… Razonar acerca de la eutanasia es ineludible, pero contemplar la relación entre los protagonistas de Million Dollar Baby en toda su trayectoria y, al final, con todo su desgarro, nos provoca un nudo en la garganta que puede ser el estímulo que necesitamos para hacernos cargo de la auténtica naturaleza del problema.
5. La bioética como cuestión de principios
Uso ahora la palabra “principios” por oposición a la palabra “reglas”. Por contraposición con el derecho, que recurre típicamente a normas del tipo “regla” (normas cerradas, porque en ellas el supuesto de hecho y la consecuencia están determinados con precisión), la moral es cuestión de principios, es decir, normas abiertas, más genéricas, que no determinan ni el supuesto de hecho ni las consecuencias de su aplicación. No es que no haya principios jurídicos, que los hay, o reglas morales, que también las hay. Se trata, más bien, de una tendencia general. Esa tendencia o predisposición de la moral a su plasmación en principios se agudiza en el caso de la bioética, donde la formulación de reglas se torna aún más difícil, seguramente por causa de todos los caracteres anteriores: se trata de una materia abierta y compleja que afecta particularmente a nuestra vida y a nuestras creencias fundamentales.
El abordaje de los problemas bioéticos exigirá el contraste de principios enfrentados, que necesariamente habrá que ponderar a la luz del contexto particular: algo parecido a lo que hacen los tribunales constitucionales, y cualquier juez, cuando han de decidir asuntos en los que se hallan afectados distintos derechos fundamentales, que también suelen enunciarse mediante normas principiales. Si la bioética es cuestión de principios, si no hay reglas en la bioética, esto significa que no podemos predecir la solución de sus problemas, que debemos dejarla en suspenso hasta que el caso concreto que tenemos delante se nos desvele con toda su peculiaridad, pues es precisamente esta peculiaridad, compuesta por un número indeterminado de matices, la que debe ser tenida en cuenta a la hora de la ponderación, y la que en última instancia inclinará el resultado de la misma8.
Esta es la última razón que aducimos aquí para explicar por qué el cine es un vehículo adecuado para la presentación de los problemas de la bioética. Este tipo de problemas requiere una presentación detallada que, a ser posible, no descuide ningún matiz, pues todos pueden ser relevantes. Y no hay duda de que la presentación narrativa, contextual, individualizada que suele ofrecernos el cine es una forma muy adecuada de dar cuenta del mayor número de circunstancias que rodean un caso. No hay más que fijarse en las sentencias judiciales en las que se decide por principios: cada una de ellas cuenta una historia, y la decisión, cuando está bien fundamentada, tiene en cuenta un número elevado de episodios de esa historia. Por eso, ninguna decisión por principios puede aplicarse sin más a otro caso, porque este otro caso encierra una historia diferente, que requerirá un nuevo análisis y, es probable, otra solución. En este sentido, la bioética es siempre una cuestión de historias personales, de ahí la “novela de la eutanasia”; de ahí la atención que suscitan los pormenores de cada caso que salta al campo de la opinión pública; de ahí, en fin, que los interesados por la bioética deban ir al cine.

Notas
1. Texto elaborado a partir de dos intervenciones en el Instituto de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas, de la Universidad Carlos III de Madrid, el 6 de noviembre de 2009, y en el Hospital Mútua de Terrasa, el 10 de diciembre del mismo año. Agradezco a Javier Ansuátegui y a Salvador Quintana las respectivas invitaciones.
2. B. Rivaya, “¡No hay salida! Eutanasia y cine”, pp. 14ss. (en B. Rivaya, R. García Manrique, V. Méndez Baiges, Eutanasia y cine, Valencia, Tirant lo Blanch, 2008).
3. M. Sandel, Contra la perfección (Barcelona, Marbot, 2007).
4. O. O’Neill, Autonomy and Trust in Bioethics (Cambridge University Press, 2002).
5. M. Casado (coordinadora), Sobre la dignidad y los principios (Civitas, 2009).
6. R. Macklin, “Dignity is a useless concept” (en British Medical Journal, nº 327, 2003).
7. V. Méndez, “Salida, voz y eutanasia”, p. 101, en Eutanasia y cine, citado; y Sobre morir, Madrid, Trotta, 2002, p. 13.
8. G. Zagrebelsky, El derecho dúctil, capítulos 6 y 7 (Madrid, Trotta, 2005).


Lo último more bioetico , la aclamada, morbosa, terrorífica serie con un trasfondo de historias caras a la bioética.




"American Horror Story"

lunes, 16 de enero de 2012

on photography



"(...) la producción de imágenes también suministra una ideología dominante. El cambio social es reemplazado por cambios en las imágenes. La libertad para consumir pluralidad de imágenes y mercancía se equipara con la libertad misma. La reducción de la opción política libre al consumo económico libre requiere la producción y el consumo ilimitado de imágenes...”

Susan Sontag Sobre la fotografía, 1977