Hay lectura tergiversada de Nietzsche según la cual el concepto de Übermensch, traducido de forma simplificadora o tendenciosa como «superhombre» equivale a algún tipo de superioridad racial u ontológica. Fue su hermana Elisabeth Förster-Nietzsche —ella sí militante del partido nacionalista alemán— la que distorsionó la figura del filósofo.
En realidad, Nietzsche (que murió en 1900) no fue un nacionalista alemán, ni siquiera le interesó el patriotismo (a menudo decía, posiblemente también de forma metafórica, que lo mejor de su sangre era «polaca») y nunca defendió una idea tan vulgar como que la transvaloración de los valores conducía a la liberación de las pulsiones violentas o al dominio de los más fuertes sobre lo más débiles, sino que el concepto de Übermensch (lo que si sitúa sobre lo humano), muy rico en sugerencias tan vitalistas como axiológicas se abre, tal como interpretaba Clément Rosset, en dirección a la “beatitud”, a la “alegría” o al “júbilo dionisíaco” como perspectiva que permite tanto la gratitud hacia el ser como una aprobación incondicional de la vida[1].
Sin embargo, la idea de que el autor de Así habló Zaratustra postuló, avaló avant la lettre o adelantó las odiosas tesis biologicistas del nazismo caló pronto en el imaginario colectivo y es posible que esa tergiversación se viera reflejada en el guion que Arthur Laurents, Hume Cronyn escribieron para La soga a partir de la obra de teatro del escritor británico Patrick Hamilton.
El guion (que por cierto no terminó de gustar a Hamilton) funciona, no obstante, muy bien, no solo como modélica adaptación del teatro al cine, sino que es ágil y rico en subtextos, el primero de ellos —muy visible o, mejor, audible en la escena inicial— es la relación sentimental y la homosexualidad de los dos estudiantes, el segundo son los ecos del nazismo recientemente derrotado en la segunda guerra mundial, aunque sea a partir de la tergiversación del Übermensch a la que aludíamos.
Podríamos decir que se trata de una doble tergiversación, de un lado (la más subrayada en la película) la que los dos estudiantes hacen de las teorías de Rupert Cadell, su admirado profesor interpretado por James Stewart, de otro (una tergiversación elíptica pues no asistimos a las clases de Cadell) es que el mismo profesor, de acuerdo con el paradigma sociopolítico de su tiempo, también hubiera malinterpretado al pensador alemán.
1Rosset, C., La fuerza mayor. Notas sobre Nietzsche y Cioran, Madrid: Acuarela Libros, 2000.
