miércoles, 13 de febrero de 2013

el bosque desde la villa



Herzogiana: Lo que nos incomoda a la hora de juzgarnos es saber que el hombre hace cosas monstruosas sin ser él mismo propiamente un monstruo.
Aforismos en Word, poemas con auto-reverse, Valencia, 2012.
La semana pasada descubrí que podía acceder  desde la red a un texto sobre el uso de imaginarios que envié a una revista a la que siempre he tenido aprecio: los Anales de la Cátedra de Francisco Suárez.
Fue a raíz de un monográfico que la publicación de Málaga dedicó al conocido recorte de libertades y de derechos que en nombre de la seguridad siguió a los atentados de Nueva York. Me hacía ilusión escribir de derecho, de política y de inaginarios desde una película (escribir de normas desde las imágenes)  y encima, hacerlo de una de Nigh Shyamalan, aún no del todo malogrado director, creador de atmósferas inquietantes y muy especiales.
“El bosque”, mejor “La villa” - The Village— es un relato sobre la obsesión por la seguridad frente a los “otros”. Refleja la vida de una comunidad aislada del mundo que habita una villa rodeada de un bosque ominoso donde se esconde una amenaza nunca visible. La comunidad delinea fronteras visibles: el propio bosque. La convivencia diaria con el miedo refuerza y renueva la necesidad de la frontera. Toda señal de violencia es atribuida a la amenaza del bosque sin que ésta, sin embargo, se haga completamente visible. Cuando un enfermo de la villa, una comunidad con rasgos del siglo XIX puritana, temerosa, reprimida en sus costumbres, necesita medicinas que sólo están al otro lado del bosque, una serie de hechos conduce a la toma de conciencia de que el frágil equilibrio en el que se ha mantenido la comunidad está a punto de romperse.El desenlace revela que esa comunidad no sólo vive con el miedo. Se ha construido a partir del miedo.
"The Village" (Night Shyamalan, 2004) se tradujo en España con el tan engañoso como antitético título de "El bosque"

 "(...) ¿Qué imaginario resulta pertinente? Un primer uso de imaginario asocia el término a epifenómenos de la vida ordinaria con la misma finalidad con la que lo hacemos con el término estética, arte o poesía: así se dice, por ejemplo, el imaginario de Haruki Murakami, el imaginario de Paul Klee. Este primer uso no es pertinente, tampoco cuando gira sobre motivos procesales, así el muy imaginativo imaginario burocrático de Kafka. (...) La concepción propuesta por Castoriadis aporta una novedosa perspectiva al estudio de este dominio: imaginario no es el “universo” en la imaginación de individuos carismáticos, sino instancia social de creación de significaciones comunes y de sentido..(...) Un tercer uso de imaginario nos acerca más a la cuestión que nos ocupa. El imaginario permite construcciones mítico-imaginarias configuradoras de identidades socio-políticas que están en el origen de la guerra por la seguridad mundial.

Se trata de la asunción de un estatuto privilegiado, que convierte a una potencia hegemónica en garante de la seguridad mundial, no sólo en virtud de su poder militar sino a partir de una peculiar visión del mundo que cuenta con la sensaciónde un fuerte respaldo religioso y espiritual. Como mostrara Durkheim, la religión básicamente encarna ese ideal común que garantiza la conciencia colectiva que ordena al grupo. Y como recordaba Marí, el campo de referencias divinas ha sido fuente de inspiración de juristas que tomando figuras del imaginario de la religión legitimaron o desautorizaron a determinadas fuerzas políticas en el juego histórico de sus relaciones, convirtiendo el discurso del orden en poderoso instrumento en la lucha del poder  (...) Kelsen fue uno de los teóricos del derecho que trató con mayor continuidad el paralelismo entre lo social y lo religioso y la recurrente referencia a Dios en lo jurídico (...)


A partir de tales imágenes se abrió paso un tipo de darwinismo social a imagen de la lucha biológica por la supervivencia, tal como se daba con aparente éxito en la naturaleza. Así, se convino en aceptar colectivamente como justa la distribución de posiciones socioeconómicas basada en el mérito individual como suma de esfuerzo y talento, y el reparto más o menos justo que procuraba la “mano invisible”. Así, forma también parte de nuestro imaginario la celebración de epopeyas de movilidad vertical del tipo self made man, la posibilidad de supervivencia del individuo autosuficiente a la manera de Robinson Crusoe, y un largo etcétera de imágenes del imaginario occidental de la villa en el plano de una poética enternecedora de las nuevas distinciones y privilegios que funda. Pero también, a contrario, en el destino “merecido” de los que no se han movido del poso de esa “copa de champagne” que refleja hoy mucho mejor que la antigua imagen de la pirámide social, la estratificación social según la propuesta neoliberal de una sociedad de mercado y de una economía global aún plagada de metáforas que consiguen reforzar en el imaginario social la legitimidad de las diferencias socioeconómicas que siguen a la aceptación de la imagen deportiva de una sociedad competitiva. La fuerza de la imagen de un orden competitivo y natural conlleva el prejuicio hacia la intervención estatal allí donde las imágenes se han hecho más poderosas y concretamente se traduce en oposición a medidas intervencionistas o redistributivas.El éxito de las metáforas económicas a partir de la alegoría del mercado autorregulado y del ciudadano moderno, dueño único de su destino, impide la remoción de obstáculos reales a través medidas igualitarias, acción afirmativa, impuestos progresivos, etc., a la vez que se integran (las imágenes) en ese conjunto de dogmas de cuño neoliberal que conformarían un pensamiento económico como “nuevo evangelio ecuménico” según la imagen de Pierre Bourdieu.  El peligro de la fuerza de la imagen está también presente en la hipótesis antropológica del propio Rousseau, y la conocida, falsa, imagen de que todos los hombres son iguales, cuando la realidad es que no lo son, sino que deben serlo en algún sentido..."





"El bosque desde la villa" en Anales de la Cátedra de Francisco Suárez, Cívico, J. G., "El bosque desde la villa: imaginario colectivo o imaginación jurídica", Anales de la Cátedra de Francisco Suárez, 43, Granada, 2009


domingo, 27 de enero de 2013

imágenes del desahucio: periodismo humano



"hacer el bien como hacer el mal no son expresiones contradictorias, sino contrarias, es decir, es posible pensar que ambas estén muchas veces fuera de lugar"
En CÍVICO, J. G., Aún no he leído nada de Mo Yan pero hace tiempo que le sigo, Massarojos-Massachussets University Press, 2012.


Teníamos ganas de recoger en este blog algunos de los comprometidos reportajes de "Periodismo Humano". Lo hacemos ahora, a propósito de las "imágenes del desahucio", imágenes, algunas de ellas, resultado no de una interpretación estricta de la norma, sino más bien de una interpretación limitada,  gañana e ignorante de interpretaciones más trabajadas, aquellas que podrían haber apelado al fin de la norma, a las circunstancias del tiempo de su aplicación, a su relación con otras normas de nuestro amplio, dúctil también, ordenamiento jurídico.

Las fotografías sobre desahucios de Olmo Calvo ganan el XVI premio Luis Valtueña
en Periodismo Humano (1)


"El jurado coincidió de forma unánime en premiar las instantáneas de Olmo Calvo sobre la ejecución de varios desahucios en España. Las fotografías de Calvo se tomaron en distintos barrios de Madrid y relatan las fases de un desalojo hipotecario, desde la personación del representante judicial, la llegada de la policía y la expulsión definitiva de la vivienda hasta la puesta de nuevo en el mercado del piso desalojado. Se trata de un trabajo pegado a la actualidad nacional que refleja la extrema vulnerabilidad en la que viven miles de personas en nuestro país, que ven como sus derechos más fundamentales, como el derecho a la vivienda, quedan en papel mojado.
"Las fotografías de los desahucios de OlLuis Valtueña"
El premio obtenido por Olmo Calvo,  editor gráfico y miembro del colectivo del periódico Diagonalconsiste en una beca de trabajo de 6.000 euros destinada a la realización de un proyecto fotográfico en una de los ámbitos de trabajo de Médicos del Mundo. Este premio se convoca anualmente en recuerdo de Luis Valtueña, Flors Sirera, Manuel Madrazo y Mercedes Navarro, cooperantes de Médicos del Mundo asesinados en Ruanda en 1997 y Bosnia en 1995 cuando trabajaban en proyectos de acción humanitaria.
Luis Valtueña era fotógrafo de profesión y en España trabajaba como reportero en la Agencia Cover, motivo por el cual este Premio lleva su nombre.  En estas catorce ediciones, el premio se ha convertido en un referente de la fotografía humanitaria y en su papel de acercar una realidad, a veces esperanzadora, a veces aterradora, pero ante la que no se puede permanecer indiferente. En los dieciséis años de vida del premio, centenares de fotógrafos procedentes de todo el mundo han presentado sus instantáneas para transmitir esta realidad.
Más información sobre el Premio en la web de Médicos del Mundo.
“Victimas de los deshaucios” de Olmo Calvo.
El imparable aumento de los desahucios es una de las consecuencias, junto con el desempleo, mas evidentes de la crisis económica actual en España. Desde el año 2007 hasta la actualidad se han realizado más de 185.000 desahucios de los cerca de 375.000 expedientes de ejecución hipotecaria iniciados. En la mayoría de los casos las personas desahuciadas son familias sin recursos, autóctonas o inmigrantes, que perdieron sus trabajos y no pudieron seguir pagando sus hipotecas.
Un policía municipal hace guardia frente al piso de Lamín momentos antes de su desahucio mientras activistas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca hacen el signo de la victoria desde la ventana de la casa. Lamín es un inmigrante procedente de Mali que llegó a España en el año 2005. Fue desahuciado el 18 de enero de 2012 en el barrio de Usera en Madrid.
Decenas de vecinos del barrio de Lavapiés en Madrid protestan frente a los policías nacionales que tienen bloquedada la calle donde desalojan a las familias de Uddin y Hafiz. Uddin y Hafiz son dos inmigrantes de origen bengalí que compraron su vivienda en el año 2007 para vivir junto con sus familias y fueron desahuciados el 9 de mayo de 2012.
Mónica Ramos y su marido Javier Narváez, inmigrantes ecuatorianos, leen la orden de desahucio en el salón de su casa mientras esperan la llegada de la comisión judicial el 22 de febrero de 2012 en el barrio de Canillejas de Madrid.
Antonio Tomás sujeta la llave de su casa horas antes de ser deshauciado. Antonio Tomás en un inmigrante originario de Guinea Bissau que llegó a España en 2006. En el años 2009 compró un piso en Leganés, Madrid, después de trabajar durante años en la construcción. Fue desahuciado el 14 de diciembre de 2011.
Uno de los compañeros de piso de Antonio Tomás observa por la ventana el despliegue policial y la concentración de protesta por su desahucio momentos antes de ser desahuciado. Leganés 14 de diciembre de 2011.
Un policía nacional sube por las escaleras del edificio donde vivía Abdul Rahim Diallo al frente de la comisión judicial para ejecutar su desahucio. Abdul, originario de Guinea Conakri era trabajador de la construcción en Madrid y compró un piso en Parla. Después de perder su trabajo no pudo seguir pagando su hipoteca.
Loli se tapa la cara delante de la comisión judicial después que le notificasen que su madre Antonia, ella y su hermano iban a ser desdahuciados en ese mismo momento de su casa en Getafe. Antonia, una mujer de 70 años y con problemas cardiacos, dejó de pagar el alquiler social de su piso gestionado por la Comunidad de Madrid en el año 1994. El Instituto de la Vivienda de Madrid tramitó su desahucio.
Policías nacionales entran en el interior del piso de Antonio Tomás al frente de la comisión judicial para desahuciarle. Leganés 14 de diciembre de 2011.
Abdul Alí y Aquter Hoffain, hermanos y originarios de Bangadesh, momentos después de ser desahuciados llevan sus pertenencias con la ayuda de varios amigos a la casa de un familiar. Abdul Ali y Aqter Hoffain vivian con sus esposas y siete hijos entre los dos matrimonios en un piso de la calle Zurita. Viven desde hace 7 años en Madrid. Fueron desahuciados el 2 de febrero de 2012.
Una mujer pasa frente al escaparate de una inmobiliaria donde ofrcen pisos procedentes de desahucios. Barrio de la Elipa, Madrid, el 5 de marzo de 2011

Más información sobre Stop Desahucios en Periodismo Humano


http://periodismohumano.com/economia/las-fotografias-sobre-desahucios-de-olmo-calvo-ganan-el-xvi-premio-luis-valtuena.html

miércoles, 9 de enero de 2013

aullido: el censor hizo al revés su trabajo


I saw the best minds of my generation destroyed by madness, starving
  hysterical naked,
dragging themselves through the negro streets at dawn looking for an angry
  fix,
angelheaded hipsters burning for the ancient heavenly connection to the
  starry dynamo in the machinery of night

(...)
Ginsberg, Allen "Howl"



En el llamado “mundo anglosajón”, los juicios por obscenidad de determinadas obras literarias motivo de escándalo (sexual) fueron una constante durante el siglo pasado. Los casos contra Joyce o contra Henry Miller no constituyen sino el desarrollo, hoy a partir de “casos ya ilustres”, de una vía explorada en el pasado por el sistema judicial continental una vía que se remonta bastante más allá de la conocida y europea marcha inquisitorial bajomedieval.

La insistencia jurisprudencial norteamericana en el alcance de libertad de expresión y en los derechos asociados a ella (un conjunto de libertades “en la médula” de la democracia como ha descrito muy bien Roberto Gargarella) paralela a la selectiva fineza de la piel de gran parte de la ciudadanía conservadora americana (a la que no les parecen obscenas las masacres de población civil outdoor ni el hecho indoor de que en los armarios del país descansen 300 millones de armas bien cargadas); la insistencia jurisprudencial en la primera enmienda, decía,  permitió que muchos de esos juicios terminaran con veredictos coincidentes en señalar algo así como que a pesar del  "alto grado de lenguaje obsceno o brutal" que contenían los libros encausados, éste no eran propiamente obscenos. Metido el juez a crítico literario, los veredictos acababan las más de las veces reconociendo la importancia literaria y cultural del objeto-libro escándalo de la moral (de una moral social dominante pero de una moral social muy concreta) que aparentemente provocó el litigio y dejando al escritor en libertad sin cargos y en idónea disposición (por una curiosa justicia poética) de recoger los réditos económicos o en términos de popularidad y difusión del libro motivo del escándalo. 

Lucien Carr, Jack Kerouac, Allen Gisnberg, William Burrough: beatniks

Fue el caso de Aullido (Howl) la excusa en la entrada de hoy, el feroz poema de Allen Ginsberg, y  de forma mucho más ardua, el de otro autor beat: en 1965 “El almuerzo desnudo” el libro de William Burroughs fue condenado en primera instancia por su “claro contenido obsceno, pornográfico e inmoral" prohibiéndose su venta y distribución en Massachussetts.  Apoyándose en la primera enmienda de la constitución de EEUU, Grove Press recurrió la sentencia ante el Tribunal Supremo que emitía, un año después un veredicto en el tono del párrafo anterior: reconociendo la importancia literaria y cultural del texto pero también, en lo que le resultaba más propio del alto tribunal, los amplios límites del derecho a la libertad de expresión.



"El exterminador hizo bien su trabajo", publicado hace unos años en España por la interesantísima editorial La Felguera Ediciones en su colección, Narrativas del Desorden, recoge las intervenciones de Norman Mailer y Allen Ginsberg, auténticos iconos de la contracultura, durante el juicio de Boston. Ambos, haciendo uso de una enorme elocuencia y agilidad, muestran hasta qué punto lograron descifrar el código que subyace en la escritura y el pensamiento de Burroughs.

"El almuerzo desnudo" contiene alusiones a la droga y al proceso de destrucción del toxicómano, pero también fantasías sexuales, necrofilia y hasta canibalismo. "Sin embargo, lo que vinieron a señalar Mailer y Ginsberg es que, en realidad, el acoso judicial atacaba a la "Enfermedad", pero no exactamente la producida por la droga o los alucinógenos, sino a la que peligrosamente conduce el pensamiento rebelde y vírico del que la obra y el estilo de este irreductible escritor fueron testimonio, porque “Burroughs nos ha enseñado que la mierda no es solamente la droga, sino que el sistema en que vivimos está hecho de ella” (1)
.


"A comienzos de 1963 un librero de Boston fue detenido y conducido a comisaría. Su delito: vender una obra considerada como obscena y, por tanto, contraria a la ley. Se trataba de El almuerzo desnudo de William Burroughs. Ante esta situación, la editorial Grove Press, de forma hábil, decidió personarse en el proceso legal como perjudicada. El juicio, entonces, ya no sería contra un librero aislado, sino contra el libro mismo y su autor. La obra de Burroughs no sólo había adquirido la forma de un seísmo, sino que ahora se experimentaban sus réplicas.
El almuerzo desnudo fue prohibido y secuestrado en Boston, iniciándose en 1965 un proceso judicial de gran repercusión. Se trató de uno de los últimos ejemplos de censura y secuestro editorial en el mundo anglosajón bajo la acusación de tratarse de una obra contraria a la moral." (2)

Howl explora la vida y obra de Allen Ginsberg, poeta estadounidense del siglo XX. Construida en una forma no lineal, la película yuxtapone acontecimientos históricos con una gran variedad de técnicas cinematográficas. Se reconstruye la vida de Ginsberg durante los años 1940 y 1950 (según lo retratado por James Franco). También revive la presentación de Howl en la Six Gallery el 7 de octubre de 1955 . La lectura de Howl fue la primera manifestación importante al público de la Generación Beat, y ayudó a anunciar la revolución literaria de la costa oeste que se conoció como el renacimiento de San Francisco. Además, algunas partes del poema se interpretan a través de secuencias animadas. Finalmente, estos eventos se yuxtaponen con imágenes en color del juicio por obscenidad celebrado en 1957 en San Francisco, contra el poeta y el cofundador de City Lights Bookstore Lawrence Ferlinghetti que fue la primera en publicar "Howl" con el nombre de Howl and Other Poems.


“Howl” (Epstein, Friedman, 2010) es sólo una discreta película que pudimos disfrutar ayer, pero cuenta con un gran y esforzado actor (James Franco), una emotiva lectura del poema de Ginsberg, sale Jon Hamm (Donald Draper, el estupendo personaje de Mad Men) y, en lo que nos interesa aquí,  recoge algunos fogonazos de la poderosa argumentación del abogado y de la acompasada motivación del veredicto del juez a favor de la libertad, del derecho del bueno de Allen Ginsberg ha poetizar su ira, con las palabras, con los sonidos, con las imágenes que había considerado que aullaban mejor.



Por cierto, la auténtica obscenidad:Hiroshima 1945


(1) El exterminador hizo bien su trabajo. Juicio contra William Burroughs, La Felguera Ediciones, colección, Narrativas del Desorden, Madrid, 2010.
(2) Ibidem.

sábado, 29 de diciembre de 2012

fin de año: take shelter, las actas de los juicios de Flaubert y Baudelaire: ya todos somos libres de elegir, ya todos somos burgueses




"Atrapado en la jaula de mi asombro, no doy un paso para el mundo, no salgo fuera, vamos. Acaso como el loro de Flaubert ya sin barrotes pero inmóvil. ¿O es que no llegó a alcanzarle a éste también en algún momento, de alguna forma, de súbito, el lúcido impacto de su insignificancia?"en GARCÍA CÍVICO, Jesús, Aforismos en Word, poemas con auto-reverse, Europe is living a celebration Ed., Stalingrado, 2012
"Kafka High School: Cuando llegan los exámenes todo el mundo se considera portador de un caso" en GARCÍA CÍVICO, Jesús, Aforismos en Word, poemas con auto-reverse, El siglo XX lo habrá vivido tu padre (eds.), Valencia, 2012
"Hay atrocidades en el interior de nosotros tales que para observarlas bien hemos de predicarlas de los otros, cosa que ya hizo Eurípides en Medea: el tema del amor que se torna pronto en odio. El sadismo de la guerra en Melos, la locura en Mitélene como reverso de un gran amor, de un desenfrenado amor político se presenta, no a través de un soldado brutal o de un político furibundo sino de una mujer vengativa que curiosamente deja atrás a su contrapunto masculino, impotente, aniñado, pasivo, incluso… ¡verosímilmente anonadado!" en GARCÍA CÍVICO, Jesús, Aforismos en Word, poemas con auto-reverse, Colección: We are free to choose: we are all bourgeois now, Malí, 2012


Acaba el año y no tengo ganas de escribir ninguna entrada, es la verdad. Esa es la verdad. Me apetece más repasar los días que han pasado, decir que "Take Shelter" (Jeff Nichols, EEUU, 2012) y "Das letze Schweigen" (Baran bo Odar, Alemania, 2012) son los estrenos que más me han agradado, que como me ocurrió hace un par de años con The XX coincido con el Mercury Prize ("An Awesome Wave" el disco de Alt-J es un album fabuloso). No me apetece escribir una nueva entrada y sin embargo hay que escribir en el blog porque si no el blog se muere. Hay que darle de comer. Ramón Gómez de la Serna lo diría mucho mejor.

La tragedia del pederasta: "Das letze Schweigen" (Baran bo Odar, Alemania, 2012) 

Lo que me apetece es escribir del año que acaba, decir que el concierto que más disfruté fue el de esa chica de New Jersey que cantaba con cara de loba: Sharon van Etten, que estuvo bien ir al teatro a ver al Tío Vania, que me emocioné leyendo a Felisberto Hernández Malcom Lowry y Boumill Hrabal, qué pasé un buen rato hablando de lo simples que son Jan Saudek y Lars von Trier con una poetisa de Brno ¡que hasta me gustaron las memorias de Auster! A veces pienso que todo existe (el universo, la historia) para que podamos hacer un chiste, no un gran chiste, más bien una ligera humorada. Una entrada de blog. Humildemente creo que identificar la vida con la realidad resulta de una ingenuidad o bien cándida o bien maléfica, según el grado o la profundidad de nuestra melancolía.

Photo: Jan Saudek. Un colega del Centro Danés de los derechos Humanos también me dijo que Lars von Trier era muy buen director pero tenía fama de tonto.

Me apetece hablar de pintura, de Pina Bausch, de Chet Baker, de Tarkovski, de la actualidad de la escultura del tiempo por sobre la de Pablo Serrano y no de la norma y la imagen pero si no hago ahora esta entrada sobre la que llevo tiempo volviendo, regresando a la entrada para compartir la desazón que me produce aquel retrato de Flaubert en el que el autor de "la educación sentimental" parece guardar un ligero aire de familia con José Antonio Labordeta, tengo miedo de no hacerlo nunca. ¿No lo haré nunca? Pues bien. No lo haré nunca. Apenas lo dejaré como lo dijo Tabarovski : las Actas completas de los juicios a Flaubert y Baudelaire, así tal cual, no encajan mal en un blog dedicado a la norma y la imagen.

Queríamos tanto a Labordeta. Por cierto ¿no hay algo raro en el libro de Julian Barnes "El loro de Flaubert"? 

"Las actas completas de los juicios a Flaubert y Baudelaire no son sólo un documento histórico, ni un testimonio de época, ni mucho menos una curiosidad perdida, sino un conjunto de extraordinarias piezas de crítica literaria que fundan, en el corazón mismo de la modernidad, una discusión que atañe a la literatura y a la cultura contemporánea: apuntan a la relación tensa entre literatura y sociedad, a la pregunta por la autonomía del arte, a la interrogación por las condiciones sociales de recepción de un texto y, sobre todo, a la posibilidad de que la literatura roce la novedad, mantenga cierta intimidad con la ruptura, con lo nuevo, con aquello que viene a cambiar el estado de las cosas.

Es que en los alegatos del fiscal, en los fundamentos de los abogados defensores, e incluso en los veredictos de los jurados, se juegan estrategias de política literaria capaces de señalar problemas de una vigencia inesperada.

La más importante entre ellas: el surgimiento, en todo su esplendor, del narrador como institución, marcado por una distancia irremediable frente a lo narrado.


Allí reside entonces el interés de publicar El origen del narrador. Actas completas de los juicios a Flaubert y Baudelaire, en seguir planteando esas preguntas, esas dudas, ese merodeo sobre la situación de la literatura en la sociedad y en el mercado, sobre la posición del autor frente al libro y del narrador en el texto. Preguntas que la literatura contemporánea no deja de formularse, sobre las que vuelve una y otra vez.
Pasemos ya a los hechos. Estamos en 1857, durante el Segundo Imperio Francés, y Flaubert, por Madame Bovary, y luego Baudelaire por Las flores del mal, son acusados de presuntas "ofensas a la moral pública y a la religión". No sólo ellos, sino también sus editores e imprenteros. Por cierto, la práctica de la censura por vía judicial es muy común en esa época. Ese mismo año cae condenada.

 Los misterios del pueblo de Eugéne Sue, por describir con demasiada simpatía las revueltas de 1848, entre otros libros y autores. Tiempo antes, los hermanos Goncourt habían visitado los tribunales —en su caso por un artículo periodístico— y luego dejaron constancia en su Journal de un asunto crucial: "es verdaderamente curioso que sean los cuatro hombres más puros de todo el oficio y todo industrialismo, las cuatro plumas más enteramente dedicadas al arte, las que hayan sido citadas ante los bancos de la policía correccional: Baudelaire, Flaubert y nosotros". Es que la aparente paradoja de los Goncourt, no es tal: lo que se estaba juzgando no era sólo un libro u otro, sino un estilo, una manera de entender la literatura, de comprender el lugar de lo literario en la sociedad. Y eso lleva un nombre: realismo. Es el uso del indirecto libre, de la escritura impersonal, impasible, o dicho de otro modo, la ruptura para siempre entre autor y narrador en Flaubert, lo que irrita al Segundo Imperio; es el uso de materiales bajos, la reformulación irreparable del ideal de belleza en Baudelaire, lo que perturba al poder.

Como escribe Hans Robert Jauss: "El proceso a Madame Bovary muestra que una forma estética nueva puede acarrear también consecuencias de orden moral". Esta forma nueva, agrega Giséle Sapiro en La responsabilité de l'ecrivain. Littérature, droit a morale en Frunce, "es el principia de la narración impersonal que, asociada al procedimiento estilístico del discurso indirecto libre, lleva al error de interpretación de parte del Ministerio Público, debido a una confusión entre el autor y su personaje". Flaubert no es ajeno a este horizonte, y rápidamente percibe el carácter profundo de lo que sucede. En una carta a Jules Champfleury escribe: "me alegra que comprenda que mi causa es la de la literatura contemporánea toda".
Detengámonos un instante en este punto, entonces: es la aparición de una nueva forma, de una escritura, lo que pone en cuestión el orden establecido. Si hay una paradoja en el Segundo Imperio, si perdura alguna enseñanza aún hoy, si hay alguna extravagancia en Flaubert y en Baudelaire, es que eso que, a primera vista, aparece como mero formalismo, como puesta en escena de una escritura que coquetea con su autoconciencia, como la pesquisa fatal de una sintaxis emancipada, y sobre todo, como la búsqueda de un espacio literario autónomo, eso, precisamente eso, esa radicalidad de la forma es lo que desafía las convenciones y funda un nuevo tipo de institución literaria. Como escribe Sapiro: "el escándalo que provoca el atentado contra los marcos de la percepción y de las normas de representación tiene aquí un carácter inaugural".
Avancemos sobre Flaubert, o mejor dicho, retrocedamos. A 1856, año en que aparece Madame Bovary como folletín en La Revue de Paris, dirigida por Máxime du Camp. La publicación de la novela es objeto de debates internos, y la Revue decide, para evitar ser censurada y clausurada, eliminar algunos pasajes del texto. Flaubert lo acepta a regañadientes, pero hace agregar una nota donde indica que el texto publicado presenta cortes. Se modifican entonces la escena del paseo en coche y una parte de la agonía de Ema.
Pero no alcanza. El Estado decide llevar el libro a juicio. Llegamos así al viernes 30 de enero de 1857, día en que comienza el proceso a Madame Bovary, en la Sala Sexta del Palacio de Justicia, colmada de público. Al lado de Flaubert se sienta su abogado defensor, Jules Senard, un jurista célebre, crítico del régimen y defensor de cierto republicanismo moderado. Un poco más lejos el imprentero y el editor. Está también el terrible Fiscal Imperial, el vigoroso Ernest Pinard, quien toma primero la palabra. Luego sigue la defensa, y finalmente el jurado. La sentencia: "El tribunal los absuelve de la acusación lanzada contra ellos y declara los costes del oficio".
Como una película de suspense no contaremos el final. O mejor dicho, ya lo hemos contado. No importa. No contaremos entonces lo sustancial, no el veredicto sino el proceso, los argumentos que hacen que el autor —Flaubert— salga victorioso y, a la inversa, el estilo —el realismo— sea cuestionado. Allí, en el desarrollo de los discursos del fiscal y del abogado defensor, como decíamos más arriba, se legitima la figura del narrador moderno, tal como lo conoce la crítica literaria desde entonces.
Baudelaire compadece ocho meses después, el 20 de agosto de 1857. Es un día tórrido, y, según los testigos, el poeta viste íntegramente de negro. Hay algo conocido en la escena: estamos nuevamente en la Sala Sexta —siempre colmada— y frente a Gustave Chaix d'Est Ange, el abogado defensor, de sólo 25 años, se encuentra el mismo Fiscal Pinard, deseoso de su revancha. Más lejos, también, el editor y el imprentero. La sentencia: "En lo que respecta al delito de ofensa a la moral religiosa [...; absuelve a tos inculpados [...] en lo que respecta a las acusaciones de ofensas a la moral pública y las buenas costumbres [...] han cometido el delito de ultraje [...] se condena a Baudelaire a 300 francos de multa [...] ordena la supresión de las piezas que llevan los números 20, 30, 39, 8o, 81 y 87 de la compilación. Condena a los acusados solidariamente a los gastos". Pese a su dandismo, a su evidente modernidad, quizás haya todavía en Baudelaire un deje de romanticismo (ausente en Madame Bovary) que permite al Fiscal y al Jurado, superponer la figura del autor con el yo lírico del narrador de los poemas. Suficiente como para ser condenado (la autonomía literaria, esa utopía).
El 1° de junio de 1949, casi un siglo después, aparece en la Gazette des Tribunaux la Revisión de la sentencia de 1857 por el Tribunal Supremo, donde se lee, casi al final:
"Por tales motivos, casa y anula la sentencia emitida el 20 de agosto de 1857 por la Sexta Cámara del Tribunal Correccional del Sena, en su condena a Baudelaire". Pero claro, esa es otra historia". (1)

Prólogo a “El origen del narrador". 
Damián Tabarovsky prólogo del libro "El origen del narrador Actas completas de los juicios a Baudelaire y Flaubert", Mardulce, 2011. 


Por dejar entrever un estado de vulnerabilidad afín a aquel que, dando la razón a Bauman, convierte el clásico ejército de mano de obra de reserva a masa inútil y sobre todo prescindible. Porque Jessica Chastain además de su belleza tranquila pero rotunda nos ofrece otra interpretación magistral a la altura de Michael Shannon que lo tenía algo más fácil. Porque permite una lectura que aquí nos gusta mucho, esa que no se alcanza con el análisis sino con el relato de imágenes: la repercusión de la crisis económica y social o mejor, la repercusión de la banalidad y de la indecencia de los actos de unos tontilocos como incertidumbre emocional, como inquietud o mejor como inestabilidad (eufemísticamente como dinamismo o como flexibilidad) de muchos. La crisis como angustia, como incomprensión, como pura soledad. Por todo eso creo que "Take Shelter" es la mejor película de 2012.
 
(1) El origen del narrador. Actas completas de los juicios a Flaubert y Baudelaire tomó como referencia las ediciones de las Obras de Flaubert y Baudelaire de la Bibliothéque de la Pleiade, de editorial Gallimatd. Para las citas de los poemas de Las flores del mal se usó la excelente traducción de Américo Ctistófalo (Colihue, Buenos Aires, 2006). Se cotejó también Acusados: Flauber y Baudelaire, que incluye un muy valorable ensayo de Ricardo Cano Gaviria (Muchnik Editores, Barcelona, 1984), así como una serie de textos secundarios, entre ellos Souvenirs Littéraires, de Máxime du Camp (L´Harmattan, París, 1993) y Flaubert savait-il écrire? Une querelle gramaticale,1919-1921 (EIlug, Grenoble, 2004).



viernes, 30 de noviembre de 2012

cínica, necesaria guardia irlandesa



"No veo invención más dulce que la anestesia y sin embargo sabemos que hasta ésta cuenta con detractores. Fascinado por los reparos de aquellos que no valoran la posibilidad de mitigar el dolor, cualquier dolor, recuerdo que tampoco el "estado de bienestar" gozó nunca de simpatía universal".

"Hasta en lo que tiene que ver con los vegetales predica todo el mundo con fruición: desde el perverso hasta el histérico" 

"No puedo ver películas de James Bond, ni el Wrestling, ni cine de romanos. No puedo verlo por exceso de otredad, esto es, por la misma razón que no podría usted ver algo que no cupiera ser dicho o…pensado."


"Dentro los locos (algunos locos); fuera los ricos, los poderosos, los no diagnosticados."
J. G. Cívico, Aforismos en word, poemas con autoreverse, Valencia, 2012

Con bastante retraso, anoche disfruté con el DVD (creo que soy de los pocos que sigue yendo al video-club) de "The Guard" la poco pretenciosa película de John Michael McDonahgh.
Martin McDonagh, hermano de John Michael, ya protagonizó otro innovador acercamiento al género negro, aportando una mezcla de clacisimo B y humor endiablado: "Escondidos en brujas". La relación de los personajes interpretados por Brendan Gleeson con el delito, la infracción de las normas o las drogas es tan personal e independiente como periférica. Vividor, bebedor, mujeriego pero sobre todo antiautoritario, este cínico sujeto poco convencional e incorrecto resulta al final ser un perfecto agente del orden, un tipo de principios, un auténtico guardián del sentido de la norma. Un curioso redentor del cuerpo policial. Comprometido con lo que realmente importa, el guardián debe, dicho en la forma de Rorty, evitar los actos de crueldad (el dolor, la tortura, el sufrimiento). Los actos de crueldad son lo peor que hay.
El guardián saca la placa cuando realmente hace falta y sólo cuando hace falta; lo hace para evitar el abuso del fuerte sobre el débil. El guardián no es débil con el fuerte, the guard bebe cerveza y hace chistes incorrectos; el guardián combate los turbios tentáculos, los feos negocios del dinero sucio, las estafas del poderoso fanfarrón, del tontilisto sin escrúpulos, de la mafia y de los amigos de la mafia.
Gleeson: un vaquero a la peckimpah, un cínico gary cooper post-crepuscular.


(The Guard, John Michael McDonagh, Irlanda, 2012).
En España se tradujo con tan imaginativo como innecesario esfuerzo como El Irlandés.



viernes, 9 de noviembre de 2012

what´s the frequency, civico? algunas películas para amar el cine


Y era impensable poder sobrevivir uno a los cines (a todos los cines de la juventud, a todos los cines de una sala). Perder los cines: experiencia propia del tiempo de progreso.
A menudo si necesito escapar a un escenario respirable acudo a un filme policiaco de tipo posmoderno, un thriller vulgar e inverosímil, aspirando a habitar en él la casa de uno esos malvados tan bien educados, viles sofisticados, monstruos de modales impecables amantes de libros y tertulias.
GARCÍA CÍVICO, Jesús, Aforismos en Word, poemas con auto-reverse, Nijmegen, 2012


Un buen estudiante es aquel que tiene curiosidad. Curosidad por saber cosas, interés por conocer más profundamente las cosas, las relaciones entre las cosas, la sociedad, uno mismo, el mundo  y todo eso.
Hace poco una buena estudiante me pidió que le recomendara algunas películas en general pues, según me dijo, no conseguía que le interesara el cine (se dormía en el cine) y también que seleccionara unas en concreto que tuvieran como fondo cuestiones que, por estar relacionadas con el derecho, sirvieran también para conocer más profundamente el derecho, las relaciones de las cosas con el derecho, la sociedad, uno mismo, el mundo y todo eso.

Mi relación con el rótulo "cine y derecho" es ambigua: por supuesto aprecio y disfruto el esfuerzo de profesores como Javier de Lucas, Ricardo Manrique, Mario Ruiz, Benjamin Rivaya y algunos otros por incorporar la reflexión sobre el derecho desde el cine. Me parece estupendo, yo mismo tengo un blog (éste) que a veces trata de esas cosas. Sin embargo, como me gusta tanto el cine a veces me sabe mal que el cine sirva para algo, y no sea, como creo que debe ser, una cosa completamente inútil.
Pero quiero ir al grano.

Contagiar una emoción como contagiar un resfriado es tan difícil que apenas me atrevo a compartir aqui la forma en que me enamoré del cine. Lo voy a hacer por si fuera cierto eso de que no somos tan distintos unos de otros y sea este un recorrido que acaso pueda hacer alguien más de la misma forma  (algo de lo que cabe dudar).
También incluiré dos títulos que tienen que ver con el derecho y que son películas que dan verdaderas ganas de ser buenos abogados y no canallas sin sensibilidad y sin escrúpulos, listichulos de pelo engominado y bolsillo lleno de billetes marcados.

Creo que la primera película que me contagió un amor profundo por el cine fue "El pequeño salvaje". Tenía 11 años y debió ser tal el contagio que me produjo la serena interpretación de François Truffaut como el  pedagogo Jean Itard que hoy cotizo como profesor en la seguridad social.

"El pequeño salvaje", Truffaut, 1969.
En todo caso si hubo un director "contagioso" ese debió ser Alfred Hitchcock. Creo que sus mejores películas son "Vértigo" y "Encadenados" pero a mí las que me provocaron el amor por el cine fueron "Los pájaros", "Pero quién mató a Harry" "Con la muerte en los talones". No lo supe entonces, pero desde que encontré en la librería de mi barrio un libro de Truffaut "El cine según Hitchcock"* y ví que este director francés que había interpretado a Itard en mi película preferida también amaba el cine de suspense de Hitchcock, el cine que iba a ver el resto de mi vide seguiría el patrón truffaut-hitchcock, admiración total del primero hacia el segundo, cierto desconocimiento del segundo hacia el primero, películas de suspense terror por parte del primero, homenajes a su maestro por parte de Truffaut pero también películas sobre el amor, sobre el crecimiento (la serie de películas sobre Antonie Doinel interpretadas por Jean Pierre-Leaud, "Los cuatrocientos golpes", "Besos robados"...). Es así que me emociona igual una buena película de terror que un buen drama.
"Con la muerte en los talones" (North by northwest, Hitchcock, 1952)
"Besos robados" Truffaut, 1968
Aún siendo yo muy joven, la segunda cadena de televisón programó un ciclo dedicado a un director alemán que se llama Werner Herzog, hoy, treinta años después de ver "El enigma de Gaspar Hauser" (una película con un tema similar a la historia de Victor del Aveiron en "El pequeño salvaje", los niños selváticos), sé que Herzog será siempre mi director preferido. Antes me había quedado infantilmente hipnotizado con "Ciudadano Kane" de Orson Welles en un pase en el programa La Clave y con algunas películas maravillosas de la Universal como la adaptación de James Whale de "Frankenstein" y aún mejor "La novia de Frankenstein" en los años 30, Murnau, Eisenstein, von Stroheim o el cine de Jacques Tourneur para la RKO, la ambigüedad de la mujer pantera, Rosellini, Hawks, las maravillosas películas de Michael Powell.


"Las novia de Frankenstein" James Whale, 1935

Hay películas como "Grupo salvaje" de Sam Peckimpah, "Ladrón de bicicletas" de Vittorio de Sica, "2001: una odisea en el espacio" de Kubrick, "El sirviente" de Losey, "L´Atalante" de Jean Vigo, "Tiempos modernos" o "El gran dictador" de Chaplin, "Una noche en la ópera" de Leo McLarey con los Hermanos Marx, "La regla del juego" de Renoir, "Cantando bajo la lluvia" de Stanley Donen que son tan, tan, pero tan buenas que uno se suma simplemente a la convicción de que están entre las mejores películas de la historia del cine y eso dificulta que ocupen también la lista de sus películas preferidas. Otras dependen de cuándo, cómo o con quién se vieron. Yo las veía siempre solo, así "Cautivos del mal" y "Dos semanas en otra ciudad" de Mankiewicz, "Blow up" de Antonioni, "If..." de Lindsay Anderson, "El baile de los vampiros" de Polansky o "Atlantic City" de Louis Malle son películas que me acompañaron de una forma tan cálida y tan íntima que estarán siempre entre mis preferidas pero no las he vuelto a ver desde hace treinta años asi que no sé si la recomendaría. Desempeñaron un papel, como le gusta a la gente decir.

"Cantando bajo la lluvia" Stanley Donen, 1952
Cuando crecí encontré mis directores personales, es decir algo tan poco intersubjetivo que no lo podría compartir con nadie, responden a mi viejo patrón truffaut-hitchcock y son un estupendo director de terror de serie B, John Carpenter, y un discípulo de Robert Altman que se llama Alan Rudolph: "Asalto a la comisaría del distrito 13" y "La niebla" del primero y "Welcome to LA", "Trouble in mind" o "Elígeme" de Rudolph están entre mis películas, pero sé por experiencia que no opina lo mismo mucha gente.
Estoy subrayando en negrita (en color naranja) las preferencias más comunicables. Ingmar Bergman es otro de mis directores preferidos, pues nadie como él ha sabido iluminar con imágenes la oscura naturaleza de los sentimientos del hombre. Otros directores preferidos son Luis Buñuel, Kenji Mizoguchi o Federico Fellini, pero como veís no todos están en negrita.

"Choose me" Rudolph, 1984 (una de "mis películas", esas que no me atrevería a recomendar a nadie)

Con el tiempo me he dado cuenta de que tengo mi propia teoría sobre qué es una buena película o quién es un buen director: son los que han hecho las películas con excelente técnica, un buen guión, una buena fotografía y todo eso pero sobre todo son películas que están hechas con mucha ilusión y mucho cariño. Si uno ve hoy una película de Wes Anderson o se detiene en la compleja coreografía de una escena de Altman, por ejemplo en "Vidas cruzadas" o en "Gosford Park" notará que lo ha hecho con talento pero sobre todo lo ha hecho dejando muchas horas de su vida en un detalle de la película. En lugar de hacer otras cosas hacía como si lo único importante del universo (como si lo único que hubiera en el universo) fuera un trozo de su película.

Dirigir una escena con un decena de actores entrando y saliendo en el plano no debe ser fácil, en "Gosford Park" Robert Altman hace que se muevan todos como cisnes.
No recuerdo un asesinato más conmovedor.

El cine de Woody Allen tiene todo eso además de una increible inteligencia y elegancia, creo que las mejores películas  de este director son "Annie Hall", "Hannah y sus hermanas" y "Todos dicen I love you". En mi juventud hubo películas que me fascinaron como "Paris, Texas" de Win Wenders, "Blade Runner" de Ridley Scott, "Underground" de Emir Kusturicka o"Terciopelo Azul" de David Lynch.

Woody Allen parece haber leído, digerido y luego volcado en sus películas la mejor filosofía del siglo XX y es uno de mis directores preferidos.
"París, Texas" Wim Wenders, 1984. Una de las películas más hermosas de la historia del cine.

En la primera década de este siglo me han encantado películas como "2046" de Wong Kar-Wai, "Control" de Anton Corbijn, "Melancholia" de Lars von Trier o "Paranoid Park" de Gus van Sant.

"2046" de Wong Kar-Wai.

¿Cine y derecho?
A mí me gustó el derecho desde que vi "Vida de estudiante" una serie sobre estudiantes de derecho y disfruto viendo películas de países distintos pero que tienen ese trasfondo común sobre el componente humano de "la norma", así "Rashomon" de Kurosawa, "El último viaje del juez Feng" de Liu Jie, o recientemente "Nadier y Simin: una separación" una estupenda película iraní, pero si tuviera que arriesgarme a recomendar dos películas del tipo "cine y derecho" lo haría con "Matar a un ruiseñor" Robert Mullingan, 1962, una película donde el personaje de Harper Lee interpretado por Gregory Peck, Atticus Finch, se convierte en el mejor icono del abogado íntegro; y "Veredicto Final" de Sidney Lumet, 1982, en la que el abogado interpretado magistralmente por Paul Newman salva su vida precisamente gracias al derecho.

"Veredicto final" Sidney Lumet, 1982.

A todos los que nos gusta el cine mucho, nos gusta mucho hacer listas. Esta es la lista de películas que recomendaría a alguien para que comience a apasionarle el cine.

Lista de películas para contagiar el amor por el cine

1.  "Con la muerte en los talones", "Los pájaros", "Quién mató a Harry", Vértigo"... de Alfred Hitchcock
2. "Cantando bajo la lluvia" Gene Kelly, Stanley Donen, 1952
3. "Los cuatrocientos golpes", "Jules et Jim", "El pequeño salvaje" de FrançoisTruffaut
4. "Tiburón", "ET" de Steven Spielberg
5. "Ciudadano Kane" Orson Welles, 1940.
6. "Annie Hall", "Hannah y su hermanas", "Manhattan", "Todos dicen I love you" de Woody Allen
7. "Paris Texas" Wim Wenders
8. "Frankenstein" y "La novia de Frankenstein" de James Whale, 1931.
9. "Amarcord", "8 y medio" o "La dolce vita" de Federico Fellini
10. "Control" Anton Corbijn, 2007; "2046" Wong Kar-Wai, 2005, "Melancholia" Lars von Trier, 2011, "Drive", Windin Refn  2011.

"Drive" de Windin Refn es un thirller muy reciente (demasiado reciente) pero yo creo que figurará entre las mejores películas de la década, por su estilo frio y sofisticado y por la escena del ascensor que ilustra bien eso del enorme cariño y dedicación con que se hacen las buenas películas: "mi película no es un trozo del universo ¡qué va! mi película es todo el universo..."


*"Truffaut, François, El cine según Hitchcock, Madrid, Alianza, 1988.