martes, 12 de julio de 2022

Tan contento que no te percatás: Husserl y Heidegger


«Tan contento con la aparente intimidad de Heidegger, es posible que Husserl ni se imaginara estas renuncias. No podría haber adivinado la burda mofa de él y de sus obras que, ya en 1923, ensucia las cartas privadas de Heidegger a Karl Jaspers. Un examen atento de algunas de las clases de Heidegger posteriores a 1919 podría haber alertado al Maestro […] Hay una fotografía que tal vez lo revela todo: Maestro y discípulo durante un paseo campestre en 1921. Con su sombrero de ala ancha y bastón, Husserl es un representante del Herr Ordinarius (señor catedrático) de avanzada edad, casi inconfundible su origen judío. Con los brazo apretadamente cruzados y ataviado como un montañero de la Selva negra, el joven assistent parece absorto en algún monólogo imperioso, Heidegger no mira a Husserl, quien, aunque sea de modo muy ligero, se inclina ante él»

George Steiner, Lecciones de los maestros, trad. María Condor, Madrid: Siruela, 2003, página 84.






domingo, 3 de julio de 2022

Más sobre Vania en la calle 42 (Louis Malle, 1994)

Vania en la calle 42 (Malle, 1994) es una de las grandes «pequeñas películas» de la historia del cine y un estupendo soporte narrativo para comprender los conflictos de esas «vidas pequeñas» de la gente común en las que tan profundamente penetró el escritor ruso Anton Chéjov: la decepción y la envidia, los obstáculos con los que tropiezan nuestros anhelos íntimos tan oscuramente intrincados entre las rígidas jerarquías sociales y nuestras limitaciones espirituales, físicas y morales. 

Prueba de la vigencia del conocido lamento de Voinitski (la sensación de vida malgastada) y de esos problemas corrientes enmarcados en estructuras sociales y jurídicas entreveradas de esperanzas, poder y asimetrías es la ágil adaptación del guionista estadounidense David Mamet al que se dedicó buena parte del ensayo Vania en la calle 42: mérito y decepción (Tirant lo Blanch, 2018)

Estamos ante un texto que puede leerse como reflejo intemporal de la tensión entre la idea del mérito o de meritocracia y la demanda de igualdad, sobre todo desde sus corolarios más conflictivos: envidia, decepción, frustración, resentimiento, indignación y lo que hoy llamamos «giro afectivo».

El inteligente filme de Louis Malle trasciende las posibilidades del teatro filmado para constituir una obra de arte hermosa y originalísima llena de sugerencias para quienes les interese el estudio de los conflictos humanos cotidianos. Aparecen en este título la crítica al mérito académico, acaso la sombra del revés del sueño americano, las promesas no cumplidas, la decepción sobre los nuevos valores morales que la modernidad debería haber traído consigo. 

Además, la extraordinaria intuición y sensibilidad humana del dramaturgo ruso y del cineasta francés todavía permiten ilustrar los viejos efectos a pequeña escala de las grandes ideas sociales, jurídicas y políticas mientras surgen nuevas claves de lectura: la indignación, la sensibilidad ecológica, el acabamiento del futuro o la ubicación del amor siempre imprevisible, caprichoso y ajeno a nuestras ideas sobre la justicia.